EN MIL NOCHES.

¿Que me das que me haces
volar con cada beso?
¿Que me das que me transportas
con alas del cristal con
el que miro los sueños?
¿Que me das que haces
que la razón sea irreal?
¿Que me das?
No lo sé,
pero sí sé que quiero más.
Que me lleves hasta ese
lugar en el que te pueda
amar.
En el que nos encontremos
y no nos convirtamos en un
recuerdo.
En un anhelo sin visos de ser
realidad.
Llévame más lejos del horizonte,
allá donde el mar en una cascada
sideral se convierte.
¿Que me das?
Dámelo ya.
Que quiero vivir en esta
irrealidad donde entre tus
brazos pueda calmar mi ansiedad.
Dónde tú nombre, desconocido,
pueda gritar.
Dámelo ya.
Lo grito a los cuatro vientos.
Lo escribo y al mar, en botellas
de cristal, se lo entrego.
Lo ruego a quién en el
camino me encuentro.
¿Que me das que me haces
volar en cada beso?
En mil noches.
Entre mil cielos.

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JUEGOS ESCONDIDOS

Tus dedos, a escondidas,
lejos de miradas interrogativas,
recorren mis piernas,
dibujando corazones.
Miradas traviesas
que recorren el espacio
que nos separa.
Mis dedos, escondido bajo
la mesa, subiendo por tus
piernas, traspasando la tela de la falda,
buscando, provocando, la humedad de tus ganas.
Mi cuerpo ante tus dedos responde.
Mis dedos nerviosos te siguen
el juego.
Tus piernas se separan.
Tu humedad me embriaga.
Tu mano entre mis piernas penetra,
haciéndose cargo de mi deseo.
Suavemente.
Subiendo.
Bajando.
Un gemido me trago.
Tú sigues con tu trabajo,
mis dedos en tu interior acoplados.
Sonríes.
Noto el arrebol de tu rostro.
Cierro los ojos.
Nuestras manos recorriendo,
embriagadas de deseo.
Me estremezco.
Noto tu estremecimiento.
Ahogo el grito.
Te mueves delicadamente.
El labio, casi imperceptiblemente,
te muerdes.
Sobre la mesa nadie se
percata del embate que
se está produciendo entre
nuestras piernas.
Nuestros cuerpos tensos.
Masajeando con maestría
nuestros sexos.
Siento que te derramas en mis manos,
no puedo,
más no aguanto.
Alzando la voz,
fluyo.
Nos miran asombrados.
Reímos agotados.
Nuestros dedos colmados,
continúan en nuestras pieles
corazones enredando.
Nos comemos la boca,
como las ganas nos ha
devorado.

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CUÁNTAS VECES.

¿Cuántas veces habré muerto
carente de tus besos?
¿Cuántas veces?
Grito mis preguntas al viento.
Como el destino, te encuentras
tejiendo de luz de plata, los
hilos de la telaraña al que
estoy abocado  a quedar
atascado.
¿Cuántas veces habré
hollado el desierto
en un trémulo caminar
buscando el oasis, entre
tus brazos, en el que
poder descansar?
Son tantas las preguntas
que anidan en mi interior.
A ninguna le das contestación.
Ausente permaneces de todo
y te alejas, poco a poco, entre
las alas de la indiferencia.
Son tantas veces las que
he caído,
en las que me he rendido
que ya he perdido la cuenta.
El suelo, de mi cuerpo,
tiene ya huella.
¿Cuántas veces habré muerto
víctima de tu silencio?
¿Por cuántas noches te has
convertido en mis sueños?
¿Por cuántos días pasas
por mi lado y ni me miras?
Son demasiados años los que
te he añorado,
te he anhelado.
He soñado contigo en mi
cama caldeando este
frío cuerpo.
¿Cuanta sangre, en forma de tinta,
he derramado escribiéndote
mis poesías?
Mil cartas escritas
A ninguna contestada.
Mil futuros levantados
sobre cimientos “de por
si acaso”.
Cuantos han sido los
años que hemos desperdiciado.
¿Cuántas veces habré muerto
carente de tus besos?

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¿CÓMO DECIRTE LO QUE ME HACES SENTIR?

Me gustaría decirte todo
lo que me haces sentir.
Cómo vives en mi
pensamiento.
Robándome el aliento.
Un frío sorbo de agua
en medio del  ardiente desierto.
¿Como decirte
lo que por tí siento?
Las largas noches que
me deja tu ausencia.
Los fríos días de
una fría primavera que
no llega.
¿Como decirte
lo que por tí siento?
Me gustaría confesarte
que solamente pienso
en besarte.
Entre tus manos embelesarme,
perderme entre los sueños
y deseos que despierta la
imagen de tu cuerpo.
Besarte hasta que no
quede un trozo de piel
que mis lábios no hayan
probado.
Tus manos robando a mi
aliento el suspiro que
produce el fuego que
nuestras carnes consumen.
Como decirte,
como pedirte que me dejes
la puerta de tu cuarto abierta.
Entraré sin hacer ruido,
bailaré con las sombras al
ritmo del latido de un corazón
que ansioso espera entre
blancas sábanas de una
cama que desespera
sentir nuestros cuerpos en
nuestra infinita guerra.
Tus piernas abiertas.
Mi lengua.
Tus manos descendiendo
por mi pecho.
Tu boca ansiosa.
Perdidos.
Condenados a caer
en el pecado de la
lujuria.
Usando nuestros cuerpos
de las copas con las que
nos saciamos.
¿Cómo decirte?
Cuanto me queda por sentirte.

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AYER, MÍRAME

Ayer, mírame.
Deja que te mire.
Deja que la vea.
Permíteme perderme
en tu primavera.
Ayer, no te rezagues.
No te dejes llevar por
la corriente, no sucumbas
conviértete en presente.
No te alejes,
y a ella te lleves.
Déjala, aquí en presente,
donde pueda descansar entre
sus brazos,
beber de sus besos,
fundirme en su cuerpo.
Ayer, llévame también
ni no has de luchar por
no perecer.
No me quites ya su
recuerdo, que es lo
único que ahora tengo.
Ayer, mírame
y deja que vea en tu
espejo que todo lo
pasado ha sido perfecto.
Déjame el recuerdo
engañado que me
regala la memoria
mentirosa.
Ayer, ¿por qué?
Mírame.
Permíteme hablar con
la muerte, esa que mela
robó.
Esa que vive en tu piel,
no está que no me contesta.
Quiero hablar con ella,
pedirla que no me la
devuelva, con su alegría,
con sus miserias,
con sus sueños,
con sus promesas.
Déjame que la pida
que otra oportunidad
la conceda.
Que si no es así,
que no sea a ella a quien
robe, me me lleve a mí.
Pero cada vez que la
pido, me desoye.
¡Llévame con Caronte!
Pagaré la moneda.
Solamente deseo que
al mundo no le niegan
su belleza.
Ayer, mírame.
¿Que ves?
Sólo un alma en pena
que de rodillas implora
que vuelvas a traerla
de vuelta.

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¿DE QUÉ ESTÁN HECHOS LOS SUEÑOS?

¿Y qué son los sueños?
¿De qué están compuestos?
¿Cual es la química que los
conforma?
¿Y la física que los amontona
con la fuerza de tracción suficiente
para que no se desmoronen?
Serán polvos de estrella,
de esas que iluminaron las
más lóbregas noches, las que
caen a la tierra, está u otra, siendo
recogidas entre alas que las unen y las
levantan.
Creando espacios para nosotros
reservados.
Espacios para almacenaje de lo
que quisimos y queremos.
¿De qué están hechos los sueños?
¿Cuáles son sus secretos?
¿Seremos capaz de desentrañarlos?
¿Querremos saberlo?
¿Estaremos preparados?
Preferiremos dejarlos en ese
lugar en el que almacenamos lo
que no queremos comprender
pero necesitamos.
Como esos besos, los primeros,
los de sabores amargos, pero a
la luz del recuerdo, se transforman
en dulces caramelos.
Como esa primera vez idealizada,
relegada al olvido por nefasta, pero
envestida en la fantasía de que
a nuestro alrededor revoloteaban
hadas y trompetas sonaban.
Al igual que ese amor veraniego idealizado, que dura lo que un beso
en un portal robado a mano armada
de ganas.
Ese adiós al pasado, tan bucólico,
en blanco y negro coloreado.
Pero sin ser más que un amargo
trago que su mal sabor se nos
ha indigestado.
Y desde entonces vamos buscando
un sustituto de aquellas eras pasadas
en realidades que no son más que vanas
ilusiones.
¿De qué están construidos los sueños?
De aviones de papel que
surcan libres los vientos.
De barcos de juguete que vamos
capitaneado entre corrientes
que buscan encallarnos.
De risas y rosas.
De espinas y lágrimas.
De colores claros de optimismo
y de oscuros con aroma a desesperanza.
De besos prohibidos.
De ganas de probar nuestros cuerpos.
De anhelos febriles.
De noches de ébano entre sábanas
de marfil.
De bailes junto a peces y aves.
De hogueras en la arena.
De versos recitados al hueco de
tu cuello.
Del recorrer de tu largo pelo
por mi desnudo pecho.
Del juguetear de tus manos
transportándome al cielo.
¿De qué están compuestos los sueños?
Ni lo sé, ni quiero saberlo.
Simplemente disfrutarlos.
Atesorarlos como el más valioso,
del recuerdo en el que se convertirá,  tesoro.

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TE PIDO PERDÓN

Te pido perdón
sin saber si estoy
arrepentido o no.
Te pido perdón por ese
calor que no he sabido,
que no he querido, entregarte,
ese que sí entregué a otras amantes.
A esas que simplemente
su cuerpo probé,
dejando para otro su ser.
Te pido perdón
por no saber por no
ver, por no ser el hombre
que debí contigo ser.
Demasiadas noches en
vela, lo sé, pasaste pensando
entre los brazos de que otra
mujer estaba enredado.
Te pido perdón
por haber sido una pesadilla,
pero en parte tú ya lo sabías.
Mi fondo oscuro late constante,
no se esconde, tu lo notaste.
Te pido perdón
por haberte mentido,
por haberme permitido
enamorarme.
Por no dejar que cumplieses
con tu promesa de salvarme.
Es imposible.
Mi alma está condenada
desde el mismo instante
de su creación.
Te pido perdón
por no ser más que un
obtuso que solamente
de tí obtuvo sin nada
entregarte.
Por ser causante de apagar
la luz de tu sol.
Te pido perdón
pues no más voy a entregarte.
Sigo siendo un miserable.
Yo lo sé,
tú lo sabes.
No he cambiado,
ni antes cambié,
ni ahora ni después.
Te pido perdón
por las mentiras que
te ofrecido para quitarte
los vestidos,
para hacer realidad tus
vicios y los míos.
Por no ser el ángel de alas
abiertas que esperabas que
fuera.
Te pido perdón.
Me pido perdón a esta
parte mía que por
tí late.
La parte que consintió
enamorarme.
La parte que grita al
ver la forma que tengo
de tratarte.
Esa luz que voy apagando
poco a poco, a cada instante.
Te pido perdón
marchándome al infierno
del olvido, de tu olvido.
Espero, sé, sabe esta parte
que está conmigo, que continuarás
tu camino.

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¿CÓMO RECONOCER?

¿Cómo reconocer que
tengo miedo cuando nos
han enseñado que el
miedo es cosa de niños
o del pasado?
Que al hacerte mayor y
haber madurado,
el miedo se ha de haber
marchado.
Y entonces en la cuenta
caigo de que temo la
soledad y él no saber
dónde mi camino está.
Y eso me hace temer defraudar
a todas las generaciones
pasadas que afrontaban la
vida con gallardía y valentía.
A aquellos a los que nunca
se les veía dudar.
Siempre hacia delante
avanzar.
Y no ser capaz, de usando una
vieja expresión, coger al toro
por los cuerpos y la vida capear.
Así que me paro en cada rincón,
en cada revuelta del camino,
en cada mirada o gesto de cariño
y deseo dejar de temer, ser capaz
de el vuelo alzar, volar hasta
perderme en la inmensidad, con
alas que no sean de cera.
Pero el sol de la duda,
las llamas del temor,
desmoronan mis alas,
con mi vuelo acaban.
Caigo sin remisión y siento
miedo.
Un temor atroz.

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¡APARTA TORMENTA!

¡Aparta tormenta!
Aparta y vete fuera de
está cabeza y está alma
¡Aparta tormenta!
Permite que llegue
la calma.
Permite que entre tus
cortinas de agua la vea
de espaldas.
Que su recuerdo grave
en mi retina, para no
olvidarla al igual que
no olvido el dolor de sus
espinas de rosa salvaje,
indomable.
Espero bajo tu aguacero,
este que cala mi cuerpo,
por el cual mi valor queda reducido
a un suspiro a causa de tus truenos,
que me mire de nuevo.
Observar los luceros que en
su  rostro van engarzados.
Achicado ante la lluvia,
desolado por la amargura.
¡Aparta tormenta!
Déjame verla.
Que no la diluyas bajo
tus líquidas agujas.
Que no se una a tus
charcos como tinta,
pues no tendré de nuevo
como escribirla.
¡Aparta tormenta!
Que llegue el día.
Que la luz difumine las
negras nubes de la desidia.
¡Aparta tormenta!
¡Ya basta!
Que la necesito para continuar
pues no hay camino,
ni vereda que seguir si ella
no está aquí.
¿Cómo pedir perdón si mi
grito no es más que un rumor
en medio del rugido de tu
viento?
¡Aparta maldita tormenta!
Necesito verla.
Saber que no ha sido etérea.
Pero sé que ha sido real,
la piel  llevo lacerada,
el alma atormentada,
pero aún así, aguardo
que vuelva su mirada
y se encuentre con mi
suplicante mirada.

A PEQUEÑOS SORBOS

Tómame,
tal y como haces
con la noche en tu
copa.
A pequeños sorbos,
deleitándote con mi
sabor en tu boca.
Tómame.
Hazme tuyo a todas
horas.
Con una explosión
de sensaciones en tu
piel.
Embríagate del aroma
de la madrugada.
Recúbreme del rocío
de la mañana.
Tómame,
como al café fuerte
en tu vieja taza,
cogiéndome con las
dos manos,
apretando con ganas
sintiendo como mi piel
quema tus palmas.
Haz de mí el bocado
prohibido.
Tómame los suspiros,
los silencios, los gritos,
las alegría, las ausencias,
el delirio de estar entre
tus piernas.
Tómame.
Hazme tuyo una vez más.