POR LA CALLE DEL SILENCIO

Tránsito en la calle
del silencio.
Caminos estrechos
de palabras nunca dichas.
Altos y oscuros muros
de incomunicación,
que pesan en el alma,
en el corazón.
Camino sin rumbo
fijo por ese camino
en el que no encuentro
ni mi lugar, ni siquiera
un sitio en el que descansar.
Las palabras se agolpan en
forma de robustos ladrillos,
que alzándose hacia el cielo
la luz del sol va cubriendo,
oscureciendo el suelo
por el que ando sumido
en mi propio silencio
en esos pensamientos
en los que ni yo mismo
me quiero.
Callejón de silencios,
de palabras no pronunciadas
que se escapan en forma
de lamentos.
Y continúo a pesar de
ni conocer mi rumbo.

COLORÍN COLORADO

Colorín colorado,

este cuento

se ha terminado.

Y así cerramos

de un golpe el libro

que abrimos cuando

nos conocimos.

Cuando las promesas

eran eternas,

cuando el amor sincero

no era motivo de penas.

El cuento se ha terminado.

Ni yo soy un caballero

ni tu una princesa.

No hay ratones que

nos hablen, pájaros

que nos canten,

ni calabazas que en

carrozas se conviertan.

El zapato de cristal

se rompió,

al estrellarse contra el

duro suelo del dolor.

La realidad ha eliminado

la ficción.

La amargura ha sustituido

la ilusión.

Y colorín colorado

la vida con nuestro amor

ha terminado.

AMARGURA

Amargura destilan
mis ojos cuando
no estás cerca.
Cuando te alejas.
Cuando sé que
ya no regresas.
Amargura al ver
la tierra de este
jardín yerma,
pues nada crece en
él si le falta, al igual
que a mí, el sol con
el que alimentarse.
Tu sonrisa.
Tu mirada.
Tu voz.
Tus ganas de vivir
y acoger entre
tus alas los sueños
con los que nos arropamos.
Amargura de mis
ojos destilada, con la
que emborracho mi
alma y me lamento,
lamiendo las heridas
de estos sentimientos
que atenazan mi cuerpo,
mis mañanas,
mis ganas,
nuestra cama.
Esas que del estómago
me agarran.
Me arañan,
me desangran en
días eternos de locura
y dolorosos remordimientos.
Amargura destilan
mis ojos secos de
tantas lágrima vertidas,
conformando el lago
de aguas cristalinas
dónde floto,
me ahogo.

CANGREJO. PIEDRA. COSTA

Cangrejo. Piedra. Costa. Océano. Pintaba sin darse cuenta de que la lluvia deshacía cada pincelada, licuando la pintura que chorreaba por el lienzo encharcado. Pintaba frenético, movido por un ansia extraña, ni siquiera le despertó el relámpago de aquel éxtasis que le impulsaba.
Pintaba movido por aquellas musicales voces que procedían de lo más hondo del mar. Le decían que pintase su realidad, sus penas. Que al lado de ellas iba a estar
Él pintaba, calándose hasta los huesos bajo el feroz temporal que azotaba la costa.
No le importaba lo emborronado que se encontrase el lienzo. Sólo tenía que pintar y pintar. Allí, entre óleo aguado y mezclas imposibles de colores, él veía su mejor obra. Esa que soñaba cada noche desde hacía semanas. La obra definitiva de su vida. La que no le permitía dormir y le despertaba a cada instante.
Sus ojos con negras ojeras, solo veían lo que él quería ver. Lo que aquellas voces le indicaban que viera.
No había posibilidad para error. Tenía que terminar. Tenía que descansar. Estaba demasiado cansado. Solamente deseaba poder dormir tranquilamente. Pero las voces encarnadas en etéreas damas, aquellas que le visitaban, le decían que esperan su cuadro. El mejor de toda su vida. Que a través de él, ellas contarían su historia de almas cansadas. De mujeres muertas. El almas olvidadas.
El óleo chorreaba aguado por el estropeado lienzo, cayendo de él a la húmeda piedra de la costa. Esa piedra que él veía perfecta en el cuadro.
Las voces le indicaban que siguiera, que era magnífica. Que todos se quedarían maravillados al verla.
Pintaba frenético.
Otro relámpago que iluminó la oscuridad.
Brillo febril en su mirada.
Miró hacia la castigada playa por inmensas olas que engullía todo lo que encontraban a su paso. Sentía su espuma mojándole los desnudos pies, como los dedos de aquellas etéreas manos que le urgían a terminar.
Entre aquellas olas, las vio acercándose, lenta pero inexoráblemente.
-¡Ya está! -gritó alzando el cuadro-. ¡Ya lo he terminado!
“Traelo”
“Ven con nosotras”
“Déjanos verlo”
No pensó nada más que hacer lo que aquellas voces le pedían.
Se dejó llevar por el impulso de las olas.
Poco a poco caminaba a por la anegada playa hundiéndose un poco más a cada a metro que avanzaba.
Vio cómo le tendían las manos. Él extendió su brazo para poder cogerlas. Con la otra les ofrecía el lienzo.
Sonreían y cantaban felices ajenas, al igual que él, a la tormenta.
Una ola rompió contra él haciéndole caer y dar varias vueltas entre las enfurecidas aguas.
Consiguió, con dificultad ponerse de pie, y aferró una de las maderas del lienzo. Una que aún conservaba pegada a ella algo de tela emborronada.
Apenas se mantenía de pie. La fuerza del mar embravecido tiraba de su cuerpo y se dejaba llevar en su éxtasis creador.
Ansiaba descansar. Sólo quería poder dormir. Sentía agarrotado todos los músculos de su cuerpo, su alma.
Sabía que ellas cumplirían con sus promesas.
Se dejó llevar. No podía hacer nada. Otra ola le sumergió.
No volvió a salir a flote.
Sintió la fría calidez de espectrales manos que tiraban de él hacía lo más hondo del mar.
Descansaría.
Su obra final, la mejor de su vida, estaría expuesta en el lecho marino. La última de su existencia. La que siempre estaría ahí, para que otras almas perdidas la admirasen.
Sintió un húmedo beso. Una de las etéreas damas le besaba. Labios sobre labios. Le sonreía y mientras la miraba a sus cristalinos ojos, notan a como el aire le abandonaba y en su lugar a sus pulmones llegaba agua.
No intentó resistirse.
Se dejó llevar.

Relato nacido gracias al reto #DesafíoDosPalabras2020 #Día005 de @M4627C

POR CIEN EUROS

Lo hice por cien euros. Por esa miseria vendí mi dignidad. Tuvo que aguantar las náuseas al sentir sus asquerosas manos sobre mí. Su saliva densa que apestaba, al igual que su boca, a tabaco rancio cubriendo mi cuerpo, el olor a sudor de su cuerpo, el cual balanceaba sobre mí de manera torpe. Tampoco le importaba. Sólo deseaba que todo aquello terminará, que se corriera y me dejase en paz. Necesitaba aquellos miserables euros de mierda.
¿Venderías tu cuerpo al primer cabrón que estuviese dispuesto a pagar por él?
Muchos dirían que no. Que hay otras mil salidas.
Sí, las hay. Pero llega un momento en que cada salida acaba en un precipicio y ya no hay vuelta atrás.
En ese punto me encontraba yo en el instante que vendí no solo mi cuerpo, también una parte de mí.
No es lo mismo darse un revolcón con el primer capullo con el que te cruces, que convertirse en un mero trozo de carne por el cual se paga.
Cien putos euros…
Luego me quedé allí tumbada, en esa cama de supuestas sábanas limpias. Lloré con lágrimas silenciosas mientras el cabrón acababa de asearse.
Mi primer cliente.
Un putero más para quién yo no era más que un pedazo de carne con el que satisfacerse.
Cuando todo terminó, anduve por la calle con la mirada fija en el suelo, preguntándome como había sido posible que hubiese acabado así.
Malas decisiones encadenadas unas a otras.
Si pudiera volver hacia atrás. Pero no se puede. Este viaje es de una sola dirección, sin posibilidad de regreso a las estaciones pasadas.
Lo hice por cien malditos euros. Supe que ya no volvería a ser la misma persona que aquel día dejé de ser.
Bajo el cuerpo del putero murió la mejor versión de mí. Ahora vive otra, la oscura. Esa que no tiene remordimientos. La que no le importa vender su alma, pues ya no tengo. La vendí aquel día.
Ahora soy yo la que decide a sus clientes pero no para follar, sí para recibir encargos por mucho más de cien euros miserables.
¿Sabéis dónde invertí ese dinero?
Ahora lucen en un cuadro de marco dorado, colgado en la parte más visible de mi salón. Algunos billetes aún conservan la sangre de los cabrones a los que iban dirigidos.
¡Que vueltas da la vida!
Me vendí para pagar, pero después acabé convertida en una asesina. La ira me dominó y no hay peor enemigo que aquel que no tiene nada que perder, y yo no lo tenía pero aquellos miserables no lo sabían. Lo intuyeron mientras agonizaban con sus tripas en mis manos.
Los primeros siempre son lo más difíciles. El primer cliente, el primer muerto. Después se convierte en costumbre.
Todo comenzó por cien euros.

RELATO NACIDO A RAÍZ DEL RETO #NECRORETAZOS

SIN NADA PLANEAR

Nada quiero planear

pues así una sorpresa

será.

Para tí.

Para mí.

Para el mundo que

no se esperará nada

de lo que después sucederá.

Nada quiero planear

para no estropear lo que

ha de pasar.

Nos sorprenderemos.

Ya verás.

Cada momento descubriremos

en cada movimiento,

compartiendo risas,

saliva,

besos.

Nada quiero planear pero

me es imposible no pensar,

que mi ser se comience a

encender.

Que la temperatura ascienda

en mi piel.

Nada puedo planear aunque

todo está dibujado en mi mente.

Nada puede fallar.

Esta noche no.

Que los errores se postergen.

Esta noche nuestra cama

ha de llenarse de amaneceres

que celosos nos descubrirán

Nada quiero planear.

Descúbreme tus secretos.

AMOR SOÑADO

Sólo tú me haces
sentir algo que ya
pensaba que no
volvería a vivir.
La pasión crece
en mi interior,
rezumando por mi
piel.
Vivo lo que solamente
pensé que no iba
a salir de una mera
ilusión.
Me has hecho renacer.
Florecer en esta sensación
que calienta mi corazón.
Gracias amor soñado.