Envueltos en penumbras.
Nuestros corazones,
en el silencio, retumban.
Mis caricias ansían
recorrer tu hermosura.
Mi boca descender
por tu espalda desnuda.
Sentir tu escalofrío.
Que sientas tú el mío.
Bajando muy lentamente,
recreándome en cuerpo
y mente.
Sentirte.
Hacerte de mi deseo
partícipe.
Tanta veces te he
soñado y tan pocas
te he amado como
ahora te amo.
Como ahora reclamo
para mí el jugo de
tu flor
ese que extraeré con
mis labios besando
tus sonrosados labios
que se abren ansiosos
a mí contacto.
Mis manos que moldean
con caricias todo tu
cuerpo.
Amándonos en silencio.
Un amor apasionado, pero
discreto.
Que no se entere nadie
de que nos deseamos
en este instante.
Sabiendo que traspasamos
límites prohibidos,
rompiendo promesas que
a otros hicimos.
Date la vuelta.
Mira estos ojos míos
que te miran con lujuria.
Deja que tu lengua
por mi cuerpo descienda,
que tu saliva arde, me
quema, me excita, me
lleva a lo más profundo
de un infierno de pasiones
donde disfruto de mil
y una sensaciones.
Hagámoslo en silencio.
Que el ruido de nuestros
sorbos embriagados del
elixir robado, sean los únicos
que rompan el silencio.
Siente mi lengua muy
adentro con tus muslos
abrigando mi cara.
Tu boca, tu lengua, tu
negro cabello en mis
caderas, me extrae de la
garganta seca, gemidos
esclavos del delirio.
Mis manos tus nalgas
aprietan.
Te tensas.
Me tenso.
Gritamos con nuestras
bocas selladas por nuestros
sexos palpitantes.
Nos revolvemos encontrándose
nuestras miradas de nuevo.
Sonreímos,
nos besamos saboreando
el sabor de nuestro pecado.
Y que me importa si
ya estoy condenado.
Nos acariciamos.
Debemos de darlo ya por
terminado, aunque la
pasión en mi pecho
halla anidado.
Nos despedimos con
la promesa, la que nunca
romperemos, de encontrarnos
de nuevo.
📸 PIXABAY