¿Que he de creer?
Me enseñaron.
Me adiestraron para
pensar que está bien,
que está mal.
¿Pero a ojos de quién?
¿Dónde está ese Dios?
¿Ese ser?
Me obligaron a creer.
Me enseñaron a obedecer,
a no pensar,
a balar siendo en el
rebaño uno más.
Pero no quiero pensar
como me dijeron.
No quiero sentir como
me inculcaron a base de
miedo.
No quiero seguir a ningún
pastor que se crea a nadie
superior.
¡No!
Me has hecho dudar.
Por ello te estoy agradecido ya.
Me ha obligado a mirar.
A intentar discernir lo que
está bien, lo que está mal.
Y tú, a pesar de lo que
me inculcaron, estás bien
para mi alma tan necesitada
de un aire fresco,
de un canto a la esperanza.
Me haces estremecer con
tus prohibidas miradas.
Un roce, así de pasada.
Un beso lanzado al aire
que buscan tus labios
escondidos para que
no lo robe nadie.
Me haces sentir bien.
Eso basta para dejar
de creer la farsa de «esto
está mal, no debe ser».
He dejado de creer.
He dejado de balar.
Ahora me miran sin
comprender, sin ganas
de asimilar.
Sin pensar.
Sin dudar.
Sin cuestionar.
¿De dónde viene la
lección?
¿Quienes son ellos
más que este corazón
que late al ritmo que
impone una canción con
letra de amor y música de
pasión?
¿Quién me va hacer creer
a mí otra vez que lo que siento
no está bien?
Eres mi pecado, lo sé.
Lo sabes bien.
Pero nos da igual,
agarrados de las manos,
juntando a la vista de todos
nuestros labios.
¿Que está bien o qué está
mal?
A nosotros, todo eso, nos
ha de dar igual.
📸 Depositphotos