DE CONSUMIR. DE CONSUMAR.

Consúmeme los
pensamientos al igual
que me consumes el cuerpo,
el deseo, todo lo que siento,
todo lo que de ti quiero.
Consúmeme los sueños,
que tus susurros en mi
oído hagan que mi corazón
se desboque.
Que tus manos  busquen el
camino, por mi cuerpo, del placer.
Que el tuyo yo haré estremecer.
Consúmeme los miedos, las dudas,
hagamos del tormento un placer para
disfrutarlo a fuego lento.
Consúmeme al amanecer, cuando
pegadita a mi cuerpo estés, que tus
ojos sean el amanecer.
Que mis piernas flaqueen
y se enhieste el resto de mi ser,
que se erice mi piel.
Calmaremos nuestra sed
en el lago formado en nuestros
cuerpos al colmarse esa pasión
que ya no conocerá freno.
Consúmete en mi cuerpo.
Consúmeme haciendo realidad
mis húmedos sueños.
Consumamos, consumando,
el tiempo.
Consúmeme en tus labios,
a tus besos entregado.
Consúmeme hasta amanecer
agotados, entregados a eso
de amar.
De saciar nuestra necesidad.

📸 PIXABAY

DANCING IN THE DARK

Enciende la chispa.
Juguemos con fuego.
Dancemos en la noche,
hasta que nos  recorramos
los cuerpos.
De comernos las ansias,
bailemos sobre las brasas
de otros momentos.
Esta es nuestra noche,
hagámoslo sintiendo el
aire que nuestras bocas
sedientas exhalan.
Danza para mí.
Encima de mí.
Debajo de mí.
No pares de moverte.
Que los demonios sientan
celos de verte.
Dancemos en esta noche
que es para nosotros.
No habrá lugar de ti
que no quieran mis labios
recorrer.
Dancemos está noche.
La luna nos observa y
sigue el ritmo de la
melodía que nuestros
cuerpos entonan.
Las estrellas nos iluminan.
A través de la ventana abierta,
los gatos nos animan a no
tener miedo,
a no perder el tiempo.
Las horas canallas pasan,
pero esta noche es nuestra
noche.
Dancemos en la oscuridad
antes de que el día nos
arrebate estos instantes.
Dancemos en la noche,
después descansa entre
mis brazos.
Que agradable letargo.
Dancemos en la noche.
Encendamos la chispa
de este amor inmisericorde.
Dancing in the Dark.

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DE CONSUMIR EL TIEMPO

Consumamos el tiempo
dibujando en nuestros
cuerpos los dibujos
que nos impone el
deseo.
Consumámonos a besos,
a risas, a caricias.
Despacio.
Hagámoslo todo despacio.
Bebámonos los tormentos
que reflejan nuestros cuerpos.
Perdámonos en la noche.
Consumamos el tiempo.
Dejemos los miedos
y los reproches, junto a
nuestras ropas, en el suelo.
Fundámonos en este momento,
dejemos desatarse la pasión en
un infierno de besos, de manos
que en nuestros cuerpos
se abren paso.
De caderas por las que fluye la
marea desbocada de dos
amantes que se alcanzan.
Piérdete en mi cuerpo.
Me perderé en el tuyo.
Suaves movimientos
al compás de nuestros jadeos.
Consumamos el tiempo,
que nos consuma el momento.
Que nuestros pesares se
los lleve el viento,
o se queden pegados
a este instante, el que
pasa, el que languidece
con cada movimiento.
Te mueves, al principio
delicadamente, subiendo
el ritmo pausadamente.
Te desbocas, me imploras,
al éxtasis me transportas.
Consumamos el tiempo,
hagamos eterno este momento.
Abrazados.
Satisfechos.
Plenos de nosotros.
Sin miedos.
Sabiéndonos resguardados en
el puerto de nuestros cuerpos.
Lejos de las marejadas y los
embates del tiempo.
Consumamos el tiempo.

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DE SABER CUÁL ES EL LUGAR DEL QUE NO ME VOY A MOVER.

¿Cuál es mi lugar
si no son tus sueños,
si no es tu cuerpo?
¿Cuál es mi lugar
si no es estar de ti
dentro?
Juntos.
Revueltos.
Un abrazo intenso.
Eterno.
Tu cuerpo al mío pegado.
Un eterno y escaso momento
en el que nos amamos,
nos sentimos realizados.
Plenos en los brazos del
otro.
¿Cuál es mi lugar
si a ti no te tengo?
No me puedo imaginar
estar lejos.
Necesito tu mirar,
tus besos,
el calor de tu cuerpo,
el sabor de mil noches
en vela.
¿Cuál es mi lugar
si no es estando en
tu cama?
Tus manos con las mías
enredadas.
Perdidos entre los
pliegues de las sábanas.
Un Quijote, que con sus
sueños en ristre, se lanza
contra esos ingratos gigantes
infelices que dicen que
lo nuestro, esto que sentimos,
lo que hacemos, no es posible.
No hay lugar en el que
quiera estar que no sea
entre tus brazos,
con tu cabeza en mi
cuello reposando.
Tu melena, revuelta en una
noche de excesos, por mi
pecho disperso.
¿Cuál es mi sitio
si no es durmiendo
contigo, arropado por
el aroma a rocío fresco
recién caído que emana
de tu pelo?
No sé si habrá otro
lugar más perfecto
que estar aquí,
junto a ti.
Pero sí sé que a ningún
sitio, más que a tu lado,
quiero ir.

📸 DEPOSITPHOTOS

DE QUE SERÁ LO QUE PASARÁ MAÑANA.

De estar a un solo
paso, en el abismo
plantado.
De sentir el deseo
por mis venas fluyendo.
De estar a un solo beso
de perder el control.
De verte y desearte.
De mirarte y deleitarme.
De pensar en lo que me
ofreces, en los secretos
que aún tienes.
De estar a un solo paso.
A la distancia de un
beso bien dado.
A la distancia justa
para que mis manos recorran
tu hermosura.
A un solo paso,
y no me atrevo a darlo.
Por miedo de no estar
a la altura.
Por temor a perder la
cordura.
Por no saber que vendrá
después.
Si te marcharás o te quedarás.
Por temor a las noches
en vela.
No quiero pensar,
pero pienso.
Deseo caer en la tentación.
Mi sangre bulle,
mi corazón desbocado.
Tu mirada me llama.
Tu cuerpo invoca
los demonios del placer
que llevo dentro.
Ahí tumbada,
de espaldas.
Ofreciendomelo
todo, sin ocultar
nada.
Haciendo tuyas
mis ganas.
¿Que pasará mañana?

📸 PIXABAY

DE ESCRIBIR, SENTIR Y DESISTIR.

Letras que no valen
nada y sentimientos
que se hunden y en la
ciénaga de la desesperanza.
Letras que no llegan,
que nunca llenan,
que no son las tuberías
que drenan el estercolero
de mi cabeza, quizás de mi
conciencia.
Quizás ni siquiera las
pueda llamar letras.
Borrones que como
petróleo todo manchan.
Letras enfermas de melancolía
y de tristeza.
Letras mentirosas,
ausentes, carente
de emociones,
dementes.
Escribo emociones
desbordantes, esas que
me rondan por la cabeza.
Dicen que los poetas ven
el mundo de distinta forma,
pero no soy poeta
ni pretendo inmiscuirme
en su universo.
Que nadie tema,
que sé lo que soy,
lo que tengo y todos,
o muchos, de mis defectos.
Y lo que no tengo,
ni estilo, y mucho menos
talento.
No me confundo.
Letras que pronuncio,
manchurrones de
emociones.
No soy escritor, ni poeta.
Simplemente un soñador
con más ilusiones que
dones para hacerlos realidad.

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DE OLVIDARSE PARA ENTREGARSE.

Olvido el miedo.
Me entrego.
Sin temor,
ni reparo me
dejó caer en tus brazos.
Olvido lo que fui.
Lo que he vivido.
Me lanzo al olvido
de esta noche contigo.
Dejó de ser por un
momento, quién soy.
Olvido los lamentos,
las promesas,
las cadenas.
Olvido todo lo
que llevo sobre
mis hombros.
Sólo a ti me entrego,
buscando el refugio
en tu cuerpo.
Bebiendo del estanque
de los deseos.
Hundiéndome en tu carne.
Olvido el miedo.
Los días de silencios.
Las noches, que aunque
acompañado, las paso
a solas.
Olvido las horas del
día.
Las agonías,
la pesadilla.
Olvido, por un
rato, todo presente,
todo pasado.
Entre tu pelo,
veo un futuro nuevo.
En tus ojos, el brillo
del renacer de nuevas
intenciones.
Entre tus pechos, me dejo
caer en el olvido,
y respiro libre de ataduras,
anillos en el dedo,
de las fotos para el recuerdo.
Y cuando todo acaba
y repisas en mi pecho,
me pregunto a qué altura del
camino de él me he salido.
En qué momento las señales
de dirección, no tenían ninguna
posible interpretación.
Y descansando entre tus
brazos, sintiendo tu piel
con mis manos todo se
diluye en un remanso antes
de la tormenta que amenaza
con desatarse al llegar
la mañana.
Olvido el miedo.
Me entrego.

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EL CLUB (UNA HISTORIA DE DESEO) Sesión 1

Un cigarro languidecía entre mis labios. Un vaso de gruesa base con un par de dedos de un ambarino whisky de malta, reposaba en mi mano derecha. El fuego iluminándolo la noche de rojiza luz mientras que consumía, por décima noche consecutiva, la ciudad. En mi desnudez danzaban las sombras cuyo ritmo marcaban los incendios de las decenas de barricadas.
El exterior era un caos de manifestantes lanzando todo lo que podían hacia los policías que lentamente iban retrocediendo. Losetas, papeleras, sillas de las terrazas cercanas. Daban aquella batalla por perdida, pues los manifestantes no retrocedían, sino que se encaraban contra ellos buscando el cuerpo a cuerpo.
Observaba como algún agente caía en medio de la turba enfurecida, siendo pateado sin remisión. Ante esto, los agentes antidisturbios, prácticamente carentes de sus utensilios de defensa, encontraban valor para avanzar lo justo para recuperar el cuerpo del compañero caído. Luego volvían a retroceder buscando algún lugar en el que guarecerse de aquellos que les habían perdido el miedo.
En otro momento estaría sonriendo, sabiéndome uno de los causantes de tales disturbios. Jugando a un juego peligroso en el que los únicos ganadores seríamos nosotros.
En otro momento, quizás, me encontraría excitado ante aquella visión. Quizás, en otro momento, me estaría masturbando sin perder la sonrisa, es más, al correrme sobre el grueso cristal del ventanal, me carcajearía imaginando que mi esperma regaría la cabeza de todos aquellos anormales. Borregos que sin pensar, hacían lo que otros, nosotros, les decían.
Pero eso hubiera sido en otros instantes.
Una suave mano se posó, desde atrás, en mis trabajados pectorales. Uno de los dedos fue dibujando espirales por todo el pecho, libre de vello alguno, hasta llegar al pubis. La otra mano, de largos dedos y uñas pintadas en negro azulado, me asía mi flácido miembro.
Unos gruesos labios comenzaron a besarme el cuello, a cada pocos besos, un mordisco, que en otros momentos me hubieran encantado. La mano izquierda, masajeaba. Subía y bajaba. Sus dedos jugueteaban con suaves caricias sobre mí glande. Ella sabía lo que me gustaba.
La mano derecha, la que había ido dibujando espirales, fue moviéndose, siempre suavemente, por mis caderas hasta llegar a mis nalgas.
“¡Plas!”
Un azote. Cierro los ojos intentando encontrar el placer que aquello, en otro momento, me producía. Los dedos de aquella mano, bajaron hasta donde las nalgas se unían con las piernas, internándose en aquella zona tan placentera. Sentí sus uñas acercarse al orto, sentí un estremecimiento mientras aquel dedo acariciaba el perineo y jugueteaba con el escroto.
En otros momentos hubiera gemido, tendría el pene con una enorme erección y ya me habría dado la vuelta para follarme a aquella mujer que intentaba que volviese a sentir. Pero eso hubiera sido en otro momento.
Pero ella no desistía. Su mano izquierda seguía en su inútil masaje de mi pene. Los dedos de la mano derecha los llevó hasta mis labios, libres ya del extinto cigarro. Sabía lo que quería. Me los introduje en la boca y los chupe con deleite.
Sus dedos volvieron a descender por mi cuerpo, está vez con un reguero de mi propia saliva, hasta llegar a mis glúteos y penetrar entre ellos buscando entrar dentro. Abrí ligeramente las piernas, mientras notaba como, con suavidad, su dedo corazón se introducía por mi ano con un suave masaje. Emití un lastimero gemido, sintiendo pero sin sentir.
En otro momento, con el pene erecto, ya la tendría de rodillas follándola la boca. Eso hubiera sido en otro momento.
Me frustraba aquella situación. Me ponía histérico. La ira comenzaba a bullir desde mi estómago.
Miraba la calle desde lo alto del lujoso edificio, dónde se encontraba el ático en el que vivía, los manifestantes avanzando, la policía retrocediendo.
“¿Hasta cuando el gobierno soportará esto?” me preguntaba mientras sonreía y veía las sombras de las llamas revolotear sobre mi pecho desnudo.
Intenté concentrarse en los esfuerzos de ella por satisfacerme. Pero mi miembro seguía “muerto” a pesar de sus expertas manos.
Con brusquedad la hice colocarse frente a mí, empujando su cuerpo contra el ventanal.
Su negra melena la caía por los hombros. Ojos de un profundo tono verde fijos en los míos. La respiración agitada subiendo y bajando sus torneados pechos. Bajo la mirada por su suave estómago hasta llegar a las caderas, la cinta del negro liguero torneando su rasurado pubis, mostrándome sus encantos. Mis manos acarician el contorno de sus piernas, distrayéndose en el bordado de sus negras medias.
Ella me agarró el vaso de whisky. Bebió un ligero sorbo y dejó caer el ambarino líquido por su cuerpo, del cual bebí, queriendo estar sediento. Recorrí cada trocito de su piel. El cuello por el que descendí hasta sus pechos, en los que me entretuve entre besos y ligeros mordiscos, continué descendiendo. Tomando el sabor tostado y a madera del Whisky por su cuerpo. Lamiéndolo como si fuese un perro. Superé la tira del liguero perdiendo mi lengua dentro de su cuerpo, buscando que mi cuerpo reaccionase y endureciese mi miembro, el cual no había respondido a ninguno de los intentos de ella.
Mientras mi boca se impregnaba de su humedad, mis puños se crispaban por la inoperancia de mis músculos. Sus manos se aferraban a mi pelo, apretando más y más.
Sus piernas descansaban en mis hombros. Mi boca entre ellas, mi nariz aspirando su dulce aroma, mis manos a intervalos, aferradas a sus caderas y en forma de puño golpeando el ventanal.
Los gemidos de ella inundaban la sala ahogando el crepitar del fuego del exterior, el sonido de las sirenas, la batalla campal que se estaba librando ahí abajo. Apoyada contra el cristal, arqueaba la espalda y empujaba su sexo, aún más, sobre mi boca empapada y chorreante.
En un momento, entre movimientos convulsos, me clavó las uñas en el cuero cabelludo, mientras gritaba en el momento en que mi lengua desbocada la hacía llegar al orgasmo.
Así permanecimos unos segundos. Yo de rodillas con sus piernas en mis hombros y su espalda apoyada en el ventanal, mi cabeza reposando en el interior de sus muslos.
Luego, nos dejamos caer sobre el suave y cálido suelo de parquet. Ella se medio levantó apoyándose sobre un codo, mientras que con la otra mano no desistía en su intento de conseguirme una erección.

  • Mis chicas llevaban razón, Lorenzo -hablaba en tono bajo, con melodioso timbre de voz-. No me lo podía creer.
  • Sí, Gabi. Llevan razón. ¿Por eso has sido tú la que has venido?
  • En parte sí. Quería saber si los rumores eran ciertos. Y luego, quería estar contigo. Sabes que siempre has sido mi favorito.
    Me dijo mientras me besaba. No solamente los labios, sino que comenzó a besarme por todo el cuerpo hasta que sus labios se toparon con mi flácido e inútil miembro, que estaba ahí caído sin reacción alguna. Golpeé el suelo.
  • Déjalo Gabi -la dije mientras me apartaba de ella frustrado-. Es imposible.
  • ¿Cómo va a ser imposible? -dijo con extrañeza mientras intentaba, de nuevo, mediante una felación, conseguir mi erección.
    La sujete suavemente del mentón y la miré directamente a los ojos.
  • Me ha robado el deseo -dije mientras me levantaba y servía dos vasos de whisky-. Ya me lo advirtió; que tras ella, ninguna mujer ni hombre, volvería a conseguir que se me pusiera dura. Evidentemente no la creí.
    Gabriela se acercó a mí y tomando el vaso que la ofrecía, bebió un pequeño sorbo.
  • Tubo que ser alguien muy especial.
    Lancé un bufido.
  • Era única.

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DE PREGUNTAS SIN RESPUESTAS.

Preguntaré al olvido
dónde ha dejado
todo aquello que nos
prometimos.
Esos días sinceros,
días de besos,
sonrisas a escondidas,
portales oscuros en
los que nuestros cuerpos
componían versos
a base de sudor y deseo.
Preguntaré al olvido
dónde ha escondido las
señales del sendero que
seguimos, ese que
perdimos.
Las promesas que no
cumplimos.
Los sueños que hubieron
sido y que han caído
en la tormenta de la desidia
y la osadía de la realidad
que los ha borrado
con brutalidad.
Preguntaré al olvido
que de nosotros qué
ha sido.
Si ha sido divertido
el bochornoso espectáculo
en lo que nuestra vida
hemos convertido.
Preguntaré al olvido,
sabiendo que respuesta
no obtendré,
sólo pena por lo que fue
y ya no es.
Sonrisas apagadas.
Miradas bajas.
Verdades sesgadas regadas
a base de desconfinza.
Gritos.
Voces.
Silencio.
Frío.
Preguntaré al olvido
que de nosotros que ha sido.

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DE DESPEDIDAS Y PALABRAS

Dime adiós
no sin antes darme
lo que tanto he soñado.
Dime adiós
no sin antes habernos
susurrado palabras
sin sentido entre ahogados
gemidos.
Dime adiós
no sin antes haber
caminado con esa dulzura,
ese paso que me tiene
extasiado.
Dime adiós
no sin antes la cama haber
destrozado,
mi cuerpo arañado,
mis labios mordido,
mi sexo…
Dime adiós
no sin antes haber
tocado el cielo.
No sin antes poder
dibujar tu cuerpo, para
así recordarte en este
instante.
Este momento.
Dime adiós
no sin antes dejar impregnado
mi sentimiento de imágenes
y sensaciones que nunca
se marchen.
Dime adiós
no sin antes mentirme con eso
de que volveremos a vernos.
Dime adiós…
No digas nada.
Quédate entre mis brazos
en esta cama.
No digas nada, pues
así no te marchas.
No digas nada y en el
silencio comámonos a besos.
No digas nada más
que un te quiero.

📸 PIXABAY