DE PROMESAS DE AMOR Y MENTIRAS

Quitame la ropa.
Esta noche eres tú,
no la otra.
Esa que en mi mente
se aposenta.
Esa que mi alma
anhela.
Esa que sueño,
a la que deseo,
a la que busco en
otros cuerpos.
Quítame la ropa,
con ella, despójame
de su aroma.
Te prometo, al menos
haré el intento, de
disfrutar de tu cuerpo,
que serán tus labios
los que beso,
que serán tus besos
los que siento,
que no buscaré más
que el placer del momento.
Que las lágrimas no
acudirán a mis ojos,
que está noche no
imploro que sea ella
la que me ame, a la
que ame con toda
mi alma y mi carne.
Quítame la ropa
y ante todo perdona.
Soy un idiota que no
puedo olvidarla.
Un necio que sigue
buscándola.
Un bobo que la
añoro y llevó el
corazón roto.
Quítame la ropa
y llévate este lamento,
se en esta noche mi
sustento,
que mañana nada te
prometo.
Te pido que no
me abandones,
no al menos esta noche.
Quítame la ropa,
y haré lo que pueda
por no ver a la otra…

📸 PIXABAY

DE BLANCO VESTIDO Y PERDIDA DE SENTIDO.

Con vestido blanco,
bien ceñido, bellamente
ajustado, revelando más
que insinuando lo que
dentro esconde.
Me quedó parado,
observando.
Con el aliento detenido,
y el corazón bombeando
pasión a raudales que
desbordara todos los
cauces.
Observo deseoso.
Sé que aún no me
está permitido tomarlo.
Pero ya sueño con el
momento de que mis
dedos acaricien la tela
por fuera, mis labios
tu piel por dentro.
Embriagado por la
sed del momento,
deseo beber del
interior del manantial
que deseo.
Con vestido blanco
bien ceñido, bellamente
ajustado.
Mi razón se esfuma,
se dispara mi locura.
No encuentro el momento
de lanzarme a tu encuentro.
Sabes lo que deseo.
Vienes para eso.
Sonrisa de rojo carmín,
mirada perfilada en negro
que sonríe fijándose en mí.
Te contonéas.
Te insinúas.
Sabes lo que quiero.
Estoy preso de la lujuria.
Con vestido blanco
bien ceñido, bellamente
ajustado.
Seductoramente te agachas,
llevas tus manos hasta más
allá del final de tu espalda.
Me miras por detrás de las
piernas.
Sabes que me tienes en
tus manos.
Retardadas el momento.
Tu visión me tiene embelesado.
La ropa comprime mi cuerpo.
Tiemblo de placer, ese
que promete tu juego.
Con vestido blanco
bien ceñido, bellamente
ajustado…

📸 PIXABAY

DE REDES Y SALTOS AL VACÍO.

De saltar sin red
Sin saber.
Sin tener en el suelo
los pies.
De tener en el cielo
los pensamientos.
Los pecados convertidos
en vacíos vocablos.
Vocabulario confabulado
con las ataduras que a algunos
se las ponen duras.
De risas e hipocresías.
De medias y taimadas
sonrisas.
De clubes y clubes.
Deportivos,
de ejecutivos,
o los de alterne.
Pasando que es gerundio.
Discreción indiscreta,
escuchando tras la puerta.
Disimulados en
latifundios de pensamientos
que consideran certeros.
De huateques.
De noches en vela
por la falta de respeto
que el descanso no considera.
Velas que arden.
Primaveras que no llegan.
Otoños que de tristes
dan pena.
Veranos que se aposentan.
Inviernos que ni apenas
se recuerdan.
De clima y climatólogos,
todos dicen mucho,
hacen poco.
Economía de locuras.
Economistas de besos y
ternura.
De qué más da lo que pase,
si ya se veía…
Venir.
De ir.
De quedarse.
De acostarse para, muchas
veces, no levantarse.
De alzarse y con el tejado
golpearse.
De volar y volar hasta que
se derrita las alas de cera.
De cera arriba, cera abajo.
Los pensamientos encerrados.
Los sueños trastocados.

📸 PIXABAY

EL ATAÚD

Despertó, sin saber cómo, dentro del oscuro ataúd. Todo era negrura. Ni una sola hebra de luz penetraba hacia el acolchado interior.
Apenas distinguía, recortado en la oscuridad, la forma de sus manos que empujaban la madera hacia arriba.
Pero esta no cedía.
«¿Que hago yo aquí?» Pensaba mientras hacía toda la fuerza posible para levantar, al menos mover, la pesada tapa
Golpeó, con los puños cerrados, intentando llamar la atención de quién estuviese fuera.
«Tiene que haber alguien fuera. Debo de estar fuera».
Pensaba para tranquilizarse.
Pero la tapa no se movía. Nadie respondía.
No veía nada. Intentaba moverse, pero el espacio era muy reducido y no podía.
Intentó levantar las piernas para hacer más presión. Fue imposible.
«¡Por favor! Que sea una broma pesada. ¡Por favor! ¡Por favor!».
Comenzó a notar como el sudor le bañaba la frente y resbalaba por su rostro.
Seguía presionando con las manos. Cambiaba y golpeaba con los puños.
La tapa no se movía. Nadie fuera respondía.
Intentó gritar, pero la voz de su garganta no salía. Le raspaba la tráquea. Sentía un agudo pinchazo en ella. Carraspeó para quitarse la molestia, pero lo único que consiguió fue sentir un cosquilleo subiendo hacia la boca.
«Estoy atrapado ¿Por qué?»
Su respiración era cada vez más acelerada. Comenzó a pensar que aquello no era una broma, ¿que era entonces?
Notaba como en el interior el aire se iba cargando. Como el oxígeno se consumía por el dióxido que exhalaba cada vez más rápidamente.
Se removía furioso. Empujaba. Golpeaba con los puños. Arañaba con las uñas el suave acolchado hasta que consiguió desgarrarlo, comenzando a arañar la madera.
Motas de serrín caían en su rostro junto pequeñas esquirlas de madera que eran arrancadas de la madera de la tapa.
El aire cada vez más pesado. Cada inspiración era un esfuerzo. Comenzaba a notar el peso de aquel aire aplastando sus pulmones. Le palpitaban. Le ardían el pecho.
Comenzó a ver destellos de mil colores. Sabía que aquello era debido a la falta de oxígeno.
Arañaba más fuerte. Intentó gritar cuando se arrancó una uña que cayó sobre él en una mezcla de sangre, piel y astillas, pero no podía gritar.
El cosquilleo que sentía en la garganta era más acuciante. Cada vez más intenso. Subiendo y subiendo.
Notaba pequeños pinchazos en el cuello.
Arañaba, ya sin resuello, sin sentir como le crujían los dedos al rompérselos intentando profundizar unos centímetros más en la madera.
«¿Cómo he acabado aquí?» Pensaba sintiéndose cada vez más débil. Notando un intenso cosquilleo en las manos, en los brazos. Como si mil hormigas estuvieran en plana carrera por ellos.
Cada movimiento era más pesado.
Intentaba arañar unos centímetros más.
El pecho le ardían con las llamas del infierno.
Las luces que veía cada vez eran más numerosas.
El cosquilleo de la garganta le llegó a la boca, notando en la lengua el contacto de finas patas avanzando.
Sintió asco al pensar que un bicho le había subido por la garganta. Una arcada.
«¿Un bicho? ¿Cómo?» Pero sus pensamientos cada vez, al igual que sus movimientos, eran más lentos. Más inconexos.
No desistía de avanzar y avanzar hasta que surjiera una mínima brecha por la que pudiera entrar algo de oxígeno.
No se daba cuenta, ya no, de que sus manos apenas acariciaban las cicatrices de la madera.
Lo último que sintió antes de exhalar un último suspiro, fue como una enorme cucaracha se abría paso por sus labios hacia el exterior de su cuerpo.
Nunca supo… Como nadie de su familia supo jamás de él.

Este texto es inspirado en el reto de #AsiloOscuro con la frase: «Despertó dentro del  oscuro ataúd».

📸 PIXABAY

DE HERIDAS Y LAMETONES

Lame mis heridas.
Entrá entera en mi vida.
Lame mis heridas
y mi piel que tu lengua
excita.
Lame mis heridas
y los lamentos se transformen
en gemidos que ensordezcan
el silencio, que alejen
los miedos.
Lame mis heridas.
Recorre mi cuerpo.
Acariciame la llagas que
otros amores me han
regalado.
Que tus dedos las acaricien.
Que me exciten.
Que me hagan perder la
cordura.
Que me lleven a la cara
oculta de la luna.
Que no nos vea nadie.
Lame mis heridas
que mis manos sean el
bálsamo para las tuyas.
Dos ansiosos de esta
noche necesitados.
Que no sean las lágrimas
las que humedezcan nuestros
cuerpos.
Que se apaguen las palabras,
que hablen nuestros sexos.
Lame mis heridas
en esta cama que por
este día no está vacía,
entre sábanas que aún
guardan su sonrisa,
entre las que grito de agonía.
Lame mis heridas
y qué esa agonía se convierta
en placenteras risas.
Lame mis heridas
olvidando los pasados
días.
Este es un momento extraño,
hagamos con nuestros besos
y nuestras manos de una vida
este momento exacto,
que mañana ya nos sumiremos
en el llanto.

📸 DEPOSITPHOTOS

DE COBIJOS Y SUEÑOS

Dame cobijo.
He perdido mi abrigo.
Dame el calor de tu noche,
que en el día no haya reproches.
Dame cobijo
en ese colchón vacío.
El que a voz en grito
clama que se forme batalla.
Dame cobijo.
Permite que vaya contigo.
Que tus piernas se enreden
con mis piernas.
Que la música la compongan
nuestras lenguas.
Vaivenes.
Choque de trenes.
Dame cobijo
pues te necesito.
Solo he estado.
Solo he vivido.
Te he buscado en mil
sitios.
Nunca te encontrado, aunque
me haya parecido verte
en otros ojos, en otros
amaneceres.
No te he saboreado, aunque
haya probado tu aroma en otras
pieles,
me haya humedecido con otras
mieles.
Dame cobijo.
He soñado contigo.

📸 PIXABAY

DE NOCHES Y REPROCHES

De noches y días.
De mentiras y sus
reproches.
De encajes y botones
sin libro de instrucciones.
De noches frías cargadas
de caricias y lascivia,
que no nos ponen, pero
nos imponemos.
De días de siestas tardías
de la cual no despertamos
en la vida.
De sueños que se esfuman.
De fumar a escondidas.
De besar de rodillas.
De vivir en las letrinas
de la ciudad escondida,
de la que somos vecinos,
en la que convivimos
pero nada conseguimos.
De noches a lo loco,
con caretas que no muestra
lo que somos.
De gatos pardos que saltan
por los tejados.
De esos que no caen de pie
cuando se tropiezan en algún
tejado.
De gatos pardos, siempre maullando,
retozando buscando un
regazo en el que estar
acurrucados.
De días inclementes.
De luz que nubla nuestra mente.
Dementes que caminan
a la sombra de las sombras
que nos guían.
De silencios y mascarillas.
De bares cerrados
cuando nuestras ansias
están abiertas.
De apertura de piernas
y almas cerradas.
De tormentas entre
las sábanas de cualquier
cama.
De besos que saben
a desecho.
Otros los saboreamos,
nos saben a helechos.
De miradas picantes
y un poco de picante
en lo que agarras.
De agarrar y soltar.
De ir y no regresar.
De no saber si estás
o te has marchado ya.

📸 PIXABAY

DE FETICHES Y FLORES.

No te quites las botas.
Eres hermosa.
No te quites la ropa,
deja que sean mis manos
las que te las vayan quitando.
Que mis dedos recorran tu cuerpo,
que acaricien cada uno de tus tatuajes,
que se entretengan en la planicie
de tu tripa, que descienda hasta
dónde nace la más hermosa
flor, la entre tus piernas
cobijas.
Esa flor cuyos pétalos vibran
con una simple caricia,
que emana su rocío
impregnando mis sentidos.
No te quites las botas,
que el fetiche no estorba.
Déjame observarte,
completamente desnuda
mirarte.
Déjame tocarte.
Que mis manos te recorran,
que después lo haga
la boca.
Que los sentidos se nublan,
que hace aparición la locura.
No te quites las botas.
Date la vuelta.
Observémonos los dos
con el espejo delante.
Que mis manos en tus
caderas descansen,
moviéndote de atrás
adelante entrando
dentro de tí
No te quites las botas.
Apoyado en la pared.
A horcajadas siénteme.
Montada en mi manos,
que no dejan de buscar
jugetonas, los lugares
en los cuales una caricia
te vuelven loca.
Te estremeces.
Me pongo tenso.
Nuestras miradas en los espejo.
No te quites las botas.
Pasión loca.
Labios pintados,
carmín por mi cuerpo
difuminado.
Mi boca en tus pechos
se desboca.
No te quites las botas.
Tensos en los embates.
Estamos expectantes.
Un grito sordo.
Al unísono.
Dentro de tí me descontrolo.
Me vacío.
Paralizados por el placer
que embriaga todo nuestro
ser.
No te quites las botas.
Vuelvo a recorrer todo
tu cuerpo con boca.
Mi lengua inquieta,
en tu flor abierta tontea.
Me bebo todos tus placeres.
Me sujetas.
Me miras.
Mi boca te mima.
Me levanto.
Reposo entre tus brazos.
Nos besamos.
Estás hermosa sonrojada
al igual que la rosa cuyo
aroma empapa mi cara.
No te has quitado las botas.

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DE TEMER Y DUDAR

Tuve miedo de tenerte,
ahora me arrepiento
pues no te tengo.
Tuve miedo a arriesgarme
a decirte que te quiero
y ahora entre nosotros
hay un océano de por medio.
Tuve miedo de estar entre
tus brazos,
sentir tus besos,
escribirte mil y un verso.
Bailar contigo al ritmo
de un sueño.
Tuve miedo.
Ahora me arrepiento
pero ya es tarde,
lo nuestro se lo llevó
el viento,
el miedo,
las dudas.
Tuve miedo a lanzarme
sin darme cuenta de que
tenía la pared delante.
El miedo no es pasado,
es un presente constante.
Grito en la noche
y mi voz resuena en las
paredes, nadie las
escucha más que la
derrota.
Tuve miedo.
Aún lo siento.
Aún me paraliza.
Me arrepiento de no ser
capaz de decir lo que siento,
que todo, por el silencio,
lo pierdo.
Tuve miedo de tenerte.
Ahora ni la luna, ni el sol
me dan consuelo.
Te llevo en el pensamiento,
en lo más hondo del pecho,
pero me arrepiento de ser
un cobarde y dejar pasar el
momento.
Tuve miedo.
Aún lo tengo.
Un cobarde.

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DE JUGUETES Y MEJOR MAL ACOMPAÑADO QUE SÓLO.

Es largo el camino,
ese que me separa de
mi destino.
Es largo el camino
que provoca mis sentidos.
Y llega la noche, y aún
no estás conmigo.
Se encienden mis sentidos,
se condensan mis instintos
Te llamo pero no me respondes.
Solos yo y la noche.
La cama nos reclama,
pero sólo yo me tumbo
sobre la almohada.
Mis recuerdos son
poderosos pensamientos
que me hacen arder desde
dentro.
La luz de la vela dibuja
sombras bailando con
la oscuridad de la noche.
El calor me recorre.
El alma se me encoje.
Te veo entre las sombras,
bailando con ellas.
Te contonéas.
Son ensoñaciones,
pero merecen la pena.
Tus manos, o son las mías,
recorren mi cuerpo con
armonía.
Desgarran mi ropa.
Tu aroma, o el de las
velas que se queman,
me embriagan.
Tus manos, o son las mías,
recorren mi pecho sin prisas,
al igual que tu lo haces.
Tus manos, o son las mías,
de mis pantalones se deshacen,
dejando florecer la dureza de
mi sed.
Tus manos, o son las mías,
me roban un gemido quedó
acariciando suavemente
mi miembro.
Juegas, o juego, con él en
medio de la noche.
Noto placer,
pero no es el que encuentro
en tu piel.
Intento recordar en la oscuridad.
Tus manos, o son las mías, buscan
ese lugar que me hace gozar.
En esta cama empapada
por mi cuerpo que te reclama,
añoro tu consuelo, tus juguetes
que rondan por el suelo,
añoro tus dedos exploradores
que exprimen el momento.
Lugares que desconozco,
que por pudor o costumbre
no toco.
Añoro en esta calurosa noche que
me consume, tus manos expertas.
Tus manos, no, son las mías,
inexpertas se afanan con prisa.
Sube y baja.
Mi mente en tu cuerpo se centra.
No compensa.
Me derramó con más pesar
que consuelo pueda encontrar.
Me quedo mirando la danza
que te marcas por la luz de
la vela.
La noche avanza.
La llama mengua.
Oigo la puerta.
Por ella entras.
En tus manos traes la
maleta con aquello que necesito.
Una mirada.
Ya estoy de nuevo encendido.
Me incorporo.
La noche observa atenta.
Deseosa espectadora de lo
que nos espera.
Te arrodillas entre mis piernas.
Rápidamente, un instante,
una promesa.
Mi dueña, me dejas expectante.
De pie te encuentras.
Ligeramente me empujas,
sin dejar que te toque.
«Aún no» me indicas
con la cabeza.
El placer se concentra.
La agonía por poseerte
comienza.
La noche nos espera.
Con nuestros orgasmos se
recrea.
Lo prohibido, compensa.

📸 PIXABAY