Es largo el camino,
ese que me separa de
mi destino.
Es largo el camino
que provoca mis sentidos.
Y llega la noche, y aún
no estás conmigo.
Se encienden mis sentidos,
se condensan mis instintos
Te llamo pero no me respondes.
Solos yo y la noche.
La cama nos reclama,
pero sólo yo me tumbo
sobre la almohada.
Mis recuerdos son
poderosos pensamientos
que me hacen arder desde
dentro.
La luz de la vela dibuja
sombras bailando con
la oscuridad de la noche.
El calor me recorre.
El alma se me encoje.
Te veo entre las sombras,
bailando con ellas.
Te contonéas.
Son ensoñaciones,
pero merecen la pena.
Tus manos, o son las mías,
recorren mi cuerpo con
armonía.
Desgarran mi ropa.
Tu aroma, o el de las
velas que se queman,
me embriagan.
Tus manos, o son las mías,
recorren mi pecho sin prisas,
al igual que tu lo haces.
Tus manos, o son las mías,
de mis pantalones se deshacen,
dejando florecer la dureza de
mi sed.
Tus manos, o son las mías,
me roban un gemido quedó
acariciando suavemente
mi miembro.
Juegas, o juego, con él en
medio de la noche.
Noto placer,
pero no es el que encuentro
en tu piel.
Intento recordar en la oscuridad.
Tus manos, o son las mías, buscan
ese lugar que me hace gozar.
En esta cama empapada
por mi cuerpo que te reclama,
añoro tu consuelo, tus juguetes
que rondan por el suelo,
añoro tus dedos exploradores
que exprimen el momento.
Lugares que desconozco,
que por pudor o costumbre
no toco.
Añoro en esta calurosa noche que
me consume, tus manos expertas.
Tus manos, no, son las mías,
inexpertas se afanan con prisa.
Sube y baja.
Mi mente en tu cuerpo se centra.
No compensa.
Me derramó con más pesar
que consuelo pueda encontrar.
Me quedo mirando la danza
que te marcas por la luz de
la vela.
La noche avanza.
La llama mengua.
Oigo la puerta.
Por ella entras.
En tus manos traes la
maleta con aquello que necesito.
Una mirada.
Ya estoy de nuevo encendido.
Me incorporo.
La noche observa atenta.
Deseosa espectadora de lo
que nos espera.
Te arrodillas entre mis piernas.
Rápidamente, un instante,
una promesa.
Mi dueña, me dejas expectante.
De pie te encuentras.
Ligeramente me empujas,
sin dejar que te toque.
«Aún no» me indicas
con la cabeza.
El placer se concentra.
La agonía por poseerte
comienza.
La noche nos espera.
Con nuestros orgasmos se
recrea.
Lo prohibido, compensa.
📸 PIXABAY