¿Y SI?

¿Y si tus ojos se fijaran en mí?
¿Que verían?
¿Sería real o una ilusión?
¿Traspasaría está coraza
mitad de piel, mitad de mentiras?
¿Me desnudaría?
No sé que verían esos ojos
si tu mirada se fijara en mí .
Poco te puedo mostrar, más que
una intrínseca verdad que bulle
en el fondo de mi ser.
Un corazón que late sin
saber si tu corazón late
al ritmo de él.
Si tus ojos se fijaran en mí
verían latir la ilusión de verte
reír emanar de cada poro
de mi piel.
Verían sentir un cuerpo que
se estremece con un ligero
contacto.
Verían un alma que se ahoga en llanto.
Si tus ojos se fijaran en mí

MI VOZ AL SILENCIO

Y se alza mi voz
en una llamada
que el viento se llevó.
Al igual que las
promesas que un
día ella realizó.
Un hechizo del cual
desperté, convertido
en el sapo que nunca
otra princesa besará,
pues ya no creo en
princesas ni en cuentos
de hadas.
Ni tan siquiera en
esta realidad.
Ahora toca recomponer
nuevamente un mundo
que se fue.
Un país devastado, mi
corazón, por el tifón de
tu perdido amor.
¿Alguna vez fue mío?
¿O fueron luces de artificio?
Pensé que fue real,
pero estaba hechizado
y nada de lo que mis
ojos vieron,
mis manos tocaron,
mis carnes sintieron
mi alma ha llorado
ha sido verdad.
Pinceladas de negro
sobre blanco oscureciendo
el lienzo sobre el que
pintamos.
Se alza mi voz en
el silencio.
Y ni el silencio me
responde.

LÁGRIMAS

Quiero llorar
pero soy incapaz.
Mis lágrimas mis ojos no
quieren abandonar.
No tienen fuerzas para enfrentarse
con el frío y la soledad
de una realidad que son
incapaces de cambiar.
Y quiero llorar
al ver que soy incapaz
de nada variar.
Por ver cómo la sinrazón
toma el control.
De ver el mundo desmoronándose
sobre los pilares que la
lucha levantó.
Ideales que como naipes
con cimientos de aire
caen sobre caminos
que ahora nos parecen
incaminables, pero por los
que hemos de volver a
transitar si queremos
vivir,
sentir,
amar,
en libertad.
Esa que nos quieren arrebatar.
Quiero llorar
pero soy incapaz.
Tengo que luchar.
Lo sé…

QUE SE ESCUCHE!

No levantemos muros

que separen sentimientos.

Que no haya barreras

para nuestros sueños.

Que los velos que nos obliguen

a vestir, sean de dulce terciopelo

que tapen nuestros miedos

pero que dejen entrever

nuestros secretos,

esos que que disparan la imaginación

incitandonos a volar en

las alas de la pasión.

Hagámonos el amor

en este rincón

que solo nos pertenece

a los dos.

Que caigan los

muros de la incompresión,

del miedo,

del rencor.

Que griten nuestros corazones,

que se escuche su voz.

ENTRE EL CIELO Y LA TIERRA

Allí estaba nuevamente. En el mismo lugar en el que todo comenzó.
Era extraño sentir aquella soledad en aquel lugar que siempre estaba abarrotado de turistas.
La meseta de Giza ante la magnífica Gran Pirámide frente a él, le hizo estremecer
Sintió como el estómago se le encogía. Hacía años que no volvía allí. Era el cielo de sus padres,el infierno para él.
En la fría noche, no pudo reprimir aquellos recuerdos que le asaltaron.
La mañana calurosa en la que acompañó a sus padres, que tenían un permiso especial  para acometer nuevas investigaciones en el interior del milenario monumento, a hacer su trabajo. El niño se quedó agarrado a la suave mano de su madre, mientras el padre acababa de preparar lo que faltaba para internarse en la oscura cámara subterránea del colosal edificio.
Rememoró la suave voz de su madre explicándole mil teoría poco ortodoxas sobre el origen y construcción de la pirámide.
«Es un centro de confluencia de energías tan potente, que aún hoy nos es imposible entender. Cielo y tierra conectado por miles de toneladas de rica, traída de muy lejos, ensamblada perfecta y armoniosamente».
Su voz armónica de terciopelo, siempre viva e ilusionada. Su mirada estallaba en mil brillos de felicidad, tan contagiosa, que hasta yo me emocioné.

Después, oscuridad. El suelo temblaba. El techo comenzando a caer en trozos. Gritos y carreras que no iban a ninguna parte.
Sentí la mano de mi madre que fuertemente tiraba de mí. No había luz, solamente aquel resplandor rojo azulado tras el que había comenzado todo.
Apenas veía nada más que aquellas formas, que saliendo de aquel brillo, acabaron con la vida de mi padre. Tras eso, mi madre sin gritar nada más que «¡Tranquilo Dani!» Intentó sacarme de allí. Pero no había salida.
La mano de mi madre dejó de hacer fuerza en la mía dejándome de tirar de mí, tras un destello acerado que rompió la oscuridad producido por la espada de uno de aquellos seres, nuestras manos se soltaron.
Grité entre lágrimas y desesperación. Caí de rodillas abrazándome al caído cuerpo.
Sentí la presencia de uno de aquellos seres junto a mí. No vi nada, pues mi cabeza estaba sumergida en el torso de mi madre.
Sentí un punzante dolor que me atravesaba la espalda y cortaba piel, carne y tendones.
Hoy conservo la cicatriz, junto a otras muchas que me ocasionó aquella profesión que me vi abocado a desempeñar, de aquella herida que me debió de matar.
En cierto modo morí allí mismo. Tardaron más de una semana en desescombro el monumento y llegar a nosotros. Nunca nadie se enteró de aquello.
No espera antes encontrar a nadie con vida. La Sociedad, grupo al que me debo (al menos a veces), me encontró y me abrieron los ojos a una realidad que siempre nos ha estado negada.

Ahora vuelvo a este lugar. El peso de las espadas cruzadas en mi espalda, me hace sentir tranquilo. Me calo bien la vieja y delustrada gorra de béisbol. Desabrocho los botones de la gabardina para facilitar mis movimientos.
Es hora, por fin, de saldar cuentas. He matado a cientos de seres de las sombras, pero el asesino de mi familia, mi asesino, sigue con vida.
Es el momento de cobrarme mi venganza…

#Reto7Maravillas #LesTodes

HÁBLAME

Háblame con la mirada,
te escucho con el alma.
Acariciame con el aire
que exhalas.
Estremece mi cuerpo
cubriéndolo de silencios.
Hazme el amor sin
tocar mi piel.
Sonríeme.
Tócame con la
imaginación,
no conozco mayor
pasión.
Hazme enloquecer tejiendo
silencios con momentos
de frialdad calidez.
Llévame a tu mundo,
ese que escondes tras el
muro de la altivez.
Te abro mi piel
para que penetres
mi ser.
Muero por dejarme ver.
Por mostrarte que escondo
bajo mi piel.
Háblame con la mirada,
te escucho con el alma.
Que el alba nos descubra
sin romper la magia.
Háblame sin decir
nada.

¡VEN!

¡Ven!
¡Búscame!
Entrégame lo que
a nadie has entregado.
¡Bésame!
Tu alma la siento
a flor de piel.
Búscame aunque no
me conozcas.
Cúbreme de sueños
y promesas que el
tiempo no rompa.
Búscame comité
busco yo a tí.
Recorramos las
distancias hasta
juntarnos,
besarnos,

entregarnos
aquello que a otros
negamos.
¡Ven!
¡Búscame!
Sino con los
ojos de la cara,
mírame con los ojos
del alma,
esos que no mienten.
Los que nada guardan.
Digamonos mil palabras
con las bocas cerradas.
¡Ven!
¡Búscame!
Deseo, al fin,
conocerte.

El Cementerio

Éste es mi participación en el reto #MismoInicioDiferenteFinal de #SubmarinoDeHojalata (noviembre-2019) organizado por @MaruBV13 y @AliciaAdam16 (en Twitter):

Alex odiaba cruzar el cementerio por las noches -aunque era el camino más rápido a su casa-  pero aquella noche era demasiado su cansancio y ansiaba dormir, así es que al llegar a la puerta, no lo dudó y entro al campo santo… Llevaba ya un rato caminando y parecía que no avanzaba hacia ningún lugar. Lo achacó al cansancio, pero algo le decía, esa vocecilla que de vez en cuando hacía acto de presencia, que las cosas no iban bien.
No quería hacer caso, ni dejarse caer en la autosugestión. Poco le hacía faltaba para que su imaginación se desbordase. Así que a aceleró el paso y caminó sin mirar las viejas lápidas adornadas de Cristos, ángeles, palomas, cruces y más decoraciones de mármol o piedra, dependía de la antigüedad de la tumba o capacidad financiera de las familias que habían encargado esas obras.
Evidentemente no se cruzó con nadie. Hacía tiempo que el cementerio había cerrado sus puertas hasta el día siguiente. Las pocas farolas teñían la noche de una anaranjada y escasa luz.
Sintió la necesidad de echar a correr. Algo sentía. Esa vocecilla no callaba.
Un susurro tenue le erizó la piel.
«No. No te rayes tío. Es el viento. Nada más que el viento».
Comenzó a dar zancadas más largas y rápidas acompañando su respiración a la creciente velocidad.
El susurro le llegó con claridad, decía su nombre. Le llamaba.
Ignoró al viento, pues era el viento ¿Quién si no?
Aceleró el paso comenzando una carrera entre nichos y lápidas.
Estaba cansado y sus piernas se lo recordaban con pinchazos en los músculos, dolor en el pecho, la cada vez más entrecortada y forzada respiración.
Corría sin saber hacia dónde. Le parecía que aquella tumba con la tapa medio corrida, el ángel de rostro cadavérico con sus alas rotas ya la había visto.
Corría en círculos. No se detuvo a pesar de sentir que el corazón, desbocado, se le iba a salir del pecho. Del entumecimiento que comenzaba a sentir en las piernas. Del creciente ahogamiento por falta de oxígeno. Pero el pánico, por estar allí, no saber hacia dónde se dirigía, aquella voz que susurraba su nombre, era superior al grito de agotamiento de su cuerpo.
Corría girando en caminos en los que antes no había girado. Esperanzado de salir de allí.
El cementerio no era tan grande. Debía de haber salido ya. Debería de estar viendo la luz de las farolas de su barrio tras el muro, pero solo había oscuridad. Creciente. Cada vez más y más espesa.
Tropezó con algo y cayó rodando hasta detenerse, golpeándose el costado, abruptamente con los pies de una figura de oscura piedra postrada al lado de una lápida.
Se llevó la mano a la zona dolorida. Lloraba, no sabía si de dolor o frustración, mientras se intentaba levantar.
Buscó en la oscuridad algo en lo que auparse. Sintió la fría y rugosa piedra de una tumba.
Se fijó en ella, viendo, intuyendo más bien entre la cada vez más densa oscuridad, que era la tumba con la tapa medio abierta,vigilada por el ángel de alas rotas.
Alex gritó con todas las fuerzas que le quedaban.
No podía ser la misma tumba. No podía ser…
Pero era la misma.
Dolorido consiguió ponerse de pie. Las lágrimas corrían desbocadas por su rostro.
Volvió a gritar.
«No grites. No te va a oír nadie.»
Se giró bruscamente, sintiendo un gran dolor en el costado, al escuchar aquella voz en forma de eco.
-¿Quién eres? -gritó reuniendo todo el valor que pudo- ¿Qué quieres?
«Lo que quiero, ya lo tengo. Mírame para saber quién soy».
Alex se giró instintivamente hacia el cadavérico rostro de la escultura de piedra. Sabía que era ella la que hablaba.
Se encontró cara a cara con ella. Su rostro estaba cincelado en una malévola sonrisa.
Alex gritó nuevamente. Todas las terminaciones nerviosas de su ser estallaron en el mismo momento, haciéndole sentir un dolor como nunca antes había experimentado.

La luz del amanecer iluminó el viejo cementerio.
Juan, uno de los operarios que se encontraba limpiando las hojas caídas, miraba con extrañeza aquella lápida vieja de piedra gris. La había visto durante años y no recordaba aquella figura,con el rostro demudado de dolor, tirada a los pies del ángel.
Era raro sí, pensó. Pero Juan siguió a lo suyo sin hacerse más preguntas.

Y FUIMOS

Y fuimos nada

queriendo ser todo.

Un vacío

entre la multitud.

Fuimos un hasta luego

queriendo ser un ahora.

Fuimos una gota

de lluvia en medio de

un aguacero.

Fuimos una pregunta

que no tenía dueño.

Buscamos un sueño

a sabiendas de que

estábamos despiertos.

Fuimos un instante

en la eternidad del

tiempo.

Y HA LLEGADO EL MOMENTO

Y ha llegado el momento

de librarme de la mochila

con la que cargo,

esa que pesa tanto,

la que los años ha ido

llenando de certezas y dudas.

Irresolubles todas o alguna.

Y ha llegado el momento de

dejar de ver gigantes en los

molinos de viento.

Fantasmas en las noches a solas.

De vacías alcobas.

Y ha llegado el momento

de bajarme de este mundo, en

el que me subieron sin buscarlo.

Sin quererlo.

Sin saber si me iba a ser propenso

o un jardín lleno de introperios.

Y ha llegado el momento de gritar

a los cuatro vientos,

esos que limpian mi cara, los que me

reconfortan el alma, los que alimentán

mis sueños:

¡Ya esta bien de tanto tormento!

Y me apeo sin saber, o quizá

sabiendo demasiado,

de lo que soy y de lo que hago.

Ajeno a las voces que me gritan

qué es lo que soy y qué he de hacer.

Soy la única voz que oiré.