NO SUELO TEMER A LA OSCURIDAD (9)


Corría en medio de la oscuridad.
Sentía el aliento de aquello que me perseguía en mi nuca.
Notaba como aquella oscuridad, intentaba con sus dedos de negrura, alcanzarme. Llevarme hacia lo más profundo de ella. Devorarme.
Las manos del padre Marcos recorriéndome el cuerpo. Su aliento. Sus susurros. Sus golpes.
Corría por una carretera mil veces transitada, cruzándose una y otra vez con viejos desvíos, que volvían a desembocar en la misma a carretera. Había corrido por todas ellas.
Intentando huir siempre de la sombra que me acechaba. Cada día más cerca. Su aliento cálido, espeso, húmedo.
Mil carreteras y desvíos que confluían en el mismo. Señales, postes, carteles informativos todos me llevaban hacia el mismo destino. A tropezar y caer.
Y así me encontraba.
¿Cuántas veces me habré acordado de Raúl y Damián?
Pocas, casi ninguna. No voy a mentir. Como me he mentido siempre. Como llevo mintiendo tantos años.
Mentiras que me han tenido callado. Y mi silencio…
¿Cuantos niños, como yo, como Raúl y Damián, habrán pagado?
Caído. Derrotado. Asaltado por la culpa. Con el rostro anegado de lágrimas. Con la garganta seca, que pedía ser regada por el alcohol que ansiaba.
Ese inhibidor momentáneo de recuerdos y dolores pasados.
¿Había tocado fondo nuevamente?
Sí. Pero sabía que no iba a ser suficiente. El fondo que toco es un trozo de gasa que cese, y sigo cayendo.
¿Tendré ayuda en esta ocasión? Seguramente sí, pero no sé si reuniré el valor de volver a la asociación y en círculo levantarme y reconocer que he fracasado. Que he caído en los brazos de mi puto amante.
Y todo ello me golpea con la más fría de las certezas, cuando voy recobrando la conciencia.
Estoy tirado en medio de un charco de vómito, mío seguramente.
Unas mano suaves me intentan levantar.
Una voz dulce, que sé que conozco, pero que soy incapaz de reconocer, me habla, me llama, con tono preocupado.
– ¡Daniel! ¡Daniel!
Intento ayudar a levantarme. Es un intento lastimoso y patético. Pongo una mano en el vómito para auparme, pero resbalo y caigo.
– ¡Vamos Daniel! ¡Levántate!
¡Levántate y anda Lázaro! No sé porqué pero esas palabras inundan mi mente.
Luego pienso que les jodan a Lázaro y a quién le dice que se levante.
Una botella de bourbon, por favor. No era que fuera a levantarme con ella, pero el sabor del vómito que entraba por mi boca, sabría de otra forma.
– ¡Daniel! Por favor.
Daniel ya no hacía favores a nadie. Daniel quería quedarse allí ausente de todo. Daniel solamente anhelaba una botella en su mano y un buen lingotazo bajándole por la garganta.
Daniel sólo quería seguir el paso de Raúl y Damián. Pero Daniel, y él lo sabe. Yo lo sé. Es muy cobarde para ello.
A lo mejor si con un trozo de vidrio de la botella, que tanto ansío, vacía y rota…
– ¡Daniel! Estaba muy preocupada. No me has contestado. ¡Daniel, sal de dónde quieras que estés!
Paula. Es Paula la que intenta ayudarme. Paula que me llamó y no la contesté. Paula, la única que ha estado conmigo, que sigue estando, que siempre me ha dicho que siguiera mi camino. Que no me quedase en este sitio. Pero algo me lo impide. Una fuerza me tiene atado a este lugar.
Paula que ha venido. Pero, ¿cuando me llamó Paula? ¿Cuanto tiempo llevo aquí tirado? ¿Dónde es aquí?
Los dedos finos de ella me sujetan por el brazo, dando pequeños tirones intentando levantarme. Apoyo una mano temblorosa en el charco, la misma de antes que había fallado. Tiembla, siento que voy a caer. Paula es fuerte. Lo sé. Nadie más fuerte que ella, que incluso más rota que yo, se recompone a cada instante para ayudar a quien sea.
Tira de mí y yo, movido por su impulso, me levanto. Tambaleante pero sujeto por la fuerza de ella, me mantengo de pie.
El sol me ciega. Intentó hacer visera con la mano. Entrecierró los ojos, quiero hacerme una idea de dónde estoy.
Árboles, zonas verdes, bancos, un lago con una fuente de cinco chorros en el medio. La ciudad era pequeña. Reconozco el lugar; El parque del Centenario.
– ¿Que hago aquí?
Soy capaz de articular con una voz rasposa y lengua de trapo.
– ¿Que te pasa Daniel? -la voz de Paula es toda preocupación.
– Soy débil Paula. Soy débil…
Rompo a llorar dejándome caer en su hombro. Vuelvo a dejarme envolver por su abrazo. A sentir consuelo. A sentirme a salvo.
Ella, como otras muchas noche había hecho, me mecía entre sus brazos.
Me lleva a rastras hasta un banco cercano. Nos sentamos.
Ella me deja llorar por mucho tiempo.
La añoraba tanto. La necesitaba, la necesito tanto. Ella lo nota, lo sediento que estoy, pero no me deja. Se queda conmigo.
Somos invisibles a los ojos de quién pasa por allí. Si no lo somos, seremos la comidilla de los cotilleos y murmuraciones.
No nos importa.
– ¿Por qué has venido?
– No me contestaste a la llamada de hace un par de días, Daniel. Por mucho que he insistido, no contestabas, ni a los mensajes tampoco. Ni escribías. No llamabas.
– Lo siento. Lo siento de veras. No…no quería molestarte.
Me aparta con suavidad, como siempre me trata, con suavidad.
– Soy tu compañera Daniel. Siempre lo he sido. Siempre lo seré.
– Pero…yo…
– Nada Daniel. Nada.
Vuelvo a llorar sobre si hombro. Me acoge entre sus brazos y me aprieta fuerte. Noto su barbilla en mi cabeza.
– ¿Cuánto tiempo llevas aquí? -me pregunta.
Hace un rato que estamos sentados observando el parque. Sin decir nada. Simplemente sentados. Viendo el revolotear de los pájaros. Viendo como los caños de la fuente, que nunca han ido bien, se atascan y escupen agua de forma irregular. Viendo como el sol va cayendo tiñiendo el horizonte de tonos rojizos.
– No lo sé. Puede que dos días, estaba muy borracho. No recuerdo. Puede que desde tu llamada que no contesté.
– ¿Le has visto?
– Sí…-no hacía falta más.
– Venga Daniel. Es hora de irnos.
– ¿Irnos? ¿Dónde?
– Por ahora, necesitas un baño y tirar toda esa ropa. Luego comerás algo y vamos hablando.
– Paula.
– ¿Qué? – Me dijo mientras me cogía del brazo para ayudarme a andar.
– Gracias.

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DE PUERTOS, FUEGOS Y DECEPCIONES.

De puertos y mares.
De llanos y barrancos
De hambre y necesidades.
De noches sin día
y días que alargan las noches.
De momentos e instantes.
De infinitos cargados de banalidades.
De historias carente de verdades.
De magia de salón,
de esa que aparece un conejo
de una chistera de cartón.
De besos y llantos.
De mentiras y medias verdades.
De arrebatos y arrabales donde
reposan mis soledades.
De cuerpos y llamas.
De un cualquier Torquemada
De miradas incandescentes.
De piras no funerarias,
de camas indecentes.
De sudor y aguardiente.
De cuerpos abocados inclementes
a perecer en los fuegos del
momento presente.
De promesas ausentes.
Presentes pretéritos.
Sujetos compuestos.
Verbos no conjugados
jugados al son del rodar
de dados.
De mesas de poker.
De jugadores sin ventura
que viven la vida, la partida,
como una aventura.
Tableros de juegos.
Llegan los primeros.
De puertos y mares.
De barcas y aviones.
De suelo y de viento.
De amores e ilusiones,
tormentos y decepciones.
De alas cortadas.
De aves sin alas.
De peces en redes.
De sueños que se desvanecen.

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DE NECIOS Y SENTIMIENTOS

Somos dos necios
cargados de falsos
apegos.
Dos infieles que no
saben lo que es la fidelidad
hacia si mismo.
Dos locos en encuentros
nada casuales.
Entre sombras,
besos frugales con sabor
a aromas frutales.
Fruta de la pasión,
ácido pero gratificante.
Melocotón,
sedoso, carnoso, puro
dulzor.
Tus labios,
tu sexo,
como éste irrisorio amor.
Nos amamos durante el
rato que nos permiten.
Dos presos
que se quieren ver libres
de las raíces.
Nuestros cuerpos bailando,
rápido ni despacio,
a un medio tempo
ansioso y delicado.
Por los altavoces,
una balada.
Tu a horcajadas,
la espalda arqueada.
mis manos en tu espalda.
Tus dedos enredados en mi
pelo.
Musitando promesas que
sabemos que no van a ser
ciertas.
Te amos
al ritmo que van marcando
nuestras manos.
Momentos que se deslizan
a sorbos, como el propio
tiempo.
Bebemos ansiosos del chupito
del momento.
Dos necios que lloran
el uno y el otro contra
su pecho.
Sudor de pasión mezclado
con las lágrimas del
engaño.
Mala combinación para
el asiento trasero de nuestro
rincón.
¿Por nosotros o por los
que fingimos que amamos?
Lágrimas de sentimientos
desengañados.
Sentimientos, como nómadas,
caminan por los senderos de
un desierto baldío.
Sedientos.
Cuasi olvidados.
Lloramos mientras
desnudos seguimos abrazados.
Nos murmuramos disculpas
por lo pasado y lo que sabemos
que seguirá pasando.
Esperaremos el momento
de qué el teléfono suene
para fijar el momento.
Somos dos necios sedientos
de este verdadero sentimiento.

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DE AMORES, SUEÑOS Y CUENTOS DE HADAS.

De noches en vela,
sin luna ni menguante
ni llena.
De lágrimas derramadas.
De amores de cuento de hadas,
que se transforman en historias
de pesadilla.
De amores vividos.
De amores divididos.
De amores que nos dejan fríos.
De amores que nos queman y
luego nos relegan al olvido.
De amores divinos que
solamente son posibles
en los sueños.
De noches inclementes,
dónde las estrellas lloran
no tenerte.
Un lucero ha abandonado el cielo,
en la tierra se ha alojado.
La busca la noche,
la llaman los pájaros.
El lucero de estar fría se
ha cansado.
Me ha a observado durante
tiempo y sin saberlo se ha
enamorado.
Tras tantas poesías que
al cielo he lanzado,
no me di cuenta de que yo
de aquel lucero me había
encaprichado.
Un imposible.
Pero el lucero del cielo se
ha bajado y mi lecho ha
ocupado.
Nada espero para largo
tiempo.
Pero intenso consumo estos
momentos.
Nuestros cuerpos al unísono
se entienden, aunque hablemos
idiomas diferentes.
El lucero llora entre mis
brazos, yo la arrullo con
viejas canciones de amores
imposibles entre Ángeles y
Hombres.
La noche pasa y el lucero se
marcha dejando mi cama y
vida cubierta de escarcha.
Noche de cuento de hadas,
que se convierte en noches
ausentes, carentes de sueños.
Noches que preceden a
días de duelo.
Amantes que nunca vuelven a
serlo.
Somos como los protagonistas
de las obras de teatro.
A un paso, sin poder tocarnos.
La Luna ríe,
has vuelto a su lado.
Al lucero su desliz la han
perdonado.
Estrella fugaz que la razón
me ha robado.
Sin saber si me he enamorado.
Te envío mi corazón en este
llanto.
De amores imposibles.
De amores increíbles.
De amores de cuentos de hadas.

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DE PIRATAS, CANCIONES Y DERROTAS.

¿Cuánto cuesta un beso?
Con lingotes de
dolor acuño doblones
para pagar minutos de tu
amor.
Frente al timón,
en el castillo de popa
de un barco que  boga
lenta a la deriva.
Soy un pirata que anhela
unos minutos de tu vida
tomar la asalto.
Cruce de barcos en alta
mar.
Intercambiando cañonazos
armados con descaros.
Un pirata que a derrota de tu
horizonte navega.
Un pirata que con capitanear
tu cuerpo sueña.
Tomar el timón que te
escore hasta la pasión.
Que te haga embarrancar
entre gemidos y calor.
¿Cuánto cuesta un beso?
Un abordaje intenso.
Amarrado a tu lecho.
Juntos hacia el sotavento,
llevados por el barlovento
del momento, me gustaría
decir que son los sueños
los que nos llevan, pero
sé que no es cierto.
El cataviento que marca
tu rumbo es el oro acuñado
por el infortunio.
Reina de los mares tumultuosos.
Amarrado me encuentro a tu
eslora.
Un capitán pirata que va cantando
a popa mi derrota.
Mil ilusiones rotas.
Un capitán pirata sin navío,
que yace encallado, con las
jarcias en la playa vacía de los
lamentos.
La bandera arriada
esperando el momento.
Izarla al comprar tu tiempo.
¿Cuanto cuesta un beso?

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SIEMPRE TÚ

Y eres tú.
Siempre tú.
La que te vuela por
las rendijas de mis
penas.
La que iluminas mis
tristezas
La que besas los
heridas sanándolas
entre sonrisas.
Y eres tú.
La dueña de mi boca.
De mis palabras,
de mis horas.
Soñadora.
Vértigo que siento
cuando cerca te siento.
Noto caer en el abismo
del deseo.
Y eres tú.
Siempre tú.
De esa necesidad de
tu cuerpo
Tus besos.
En tu mirar me
pierdo.
Y siento que vuelo
entre sueños y anhelos.
Entre noche infinitas
sobre te encuentro.
Amaneceres distantes,
de esos de ensueño
plagados de besos y
seres de cuento,
nos descubren sonriéndonos.
Que lejos nos hallamos
de todo lo malo,
de lo que nos hace daño.
De la envidia.
Del día.
La noche es nuestro refugio.
Nuestro lugar seguro.
Eres tú
la reina en este reino
plagado de estrellas.
Intentó alcanzarlas para
poder engarzarlas
en el más bello collar
con el que tú cuello adornar.
Eres tú.
Siempre tú
la dueña de mis desvelos.
El antídoto ante el
veneno de la monotonía.
Y eres tú.
Siempre a tí
a quién escribo.
La que en versos describo.
La destinataria de
las palabras que me salen
del alma.

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UNA COPA DE VINO

Una copa de vino
como único vestido.
Déjame beber de tu
incomparable piel.
Embriaga mis sentidos.
Haz tuyos mis latidos.
Borra mis penas.
Róbame un gemido.
Beber de tu piel.
Saborear tu miel.
Saciar en tu esencia mi sed.
Déjame beber.
Desvístete.
Deja la copa de vino caer.
Acércate.
Déjame observarte
bien.
Te presentas ante mí,
locura.
Tentación.
Pecado en el que de caer.
Lo busco.
Deseo la condenación a
la que me tengan que someter.
Un simple beso.
Condenación.
¡Al infierno!
En tu fuego quiero
arder.
Consume mi deseo,
también mi piel.
Consume en tu fuego
la esencia de mi ser.
La libertad no quiero
sí he de estar lejos
de tí.
Condenación eterna.
Déjame calmar mi ansiedad
bebiendo de tus piernas,
de tu torso,
de tu cuello.
Recorrerte en sentido inverso.
Que no dejen mis besos
ningún solo trozo de piel
exento.

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HAGÁMOSLO DESPACIO.

Tranquila.
Despacio.
No hay prisa en este
espacio.
Si se acabará la noche,
le seguiría el día.
No hay prisa.
Solos tu y yo.
El silencio.
El rumor de los besos,
de los cuerpos.
Hagamos realidad las
fantasías.
Convirtamos en un sueño
esta cita, que de ella queden
Impregnadas en nuestro cuerpos
caricias.
Que las sonrisas tontas
iluminen nuestras mejillas
al recordar, en otro momento,
este encuentro.
Tranquila.
No tengamos prisa.
Este es nuestro instante.
Que nadie de esta sensación
nos aparte.
Que ningún mal pensamiento
enturbie nuestros besos.
Dejemos atrás los anhelos,
esos que pueblan nuestros
sueños.
Ahora somos realidad.
Dos personas que se van
a amar.
Dejémonos los miedos en la
puerta de lo que va a ser
nuestro cielo.
Olvidemos las promesas
que hicimos y que nos hicieron.
Tranquila.
Ni hay prisa.
Este es nuestro instante.
Siente el calor en todas
nuestras partes.
Mi cuerpo te espera.
Espero a tu cuerpo.
Miradas que enciende el
aire, que aplacar los miedos.
Inseguridades que desprendemos
al igual que la ropa cae desgarrada
al suelo.
El ansia se impone.
Se acabó el consuelo.
Tranquila.
Me tranquilizo.
Este es nuestro ahora.
Este es nuestro sitio.
No hay nadie más que
nosotros.
Esta realidad nos pertenece.
Hagamos del momento
un instante eterno.
Despacio.
Muy despacio.
Que nos recorran nuestras manos.
Abre.
Cierra.
Siempre despacio, nota como
entra las ganas y la urgencia
por la puerta.
No tengas prisa.
No cedamos a la urgencia.
No hagamos otoño de
una primavera.
No dejemos que el reloj
se convierta en una condena.
Disfrutemos del momento,
que ya llegarán las penas.
Tranquila.
Despacio.
No hay prisa en este
espacio.
Tócame.
Bésame.
Te tocaré.
Te besaré.
Sin prisas.
Más allá del amanecer.

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DESGARRANDO LA REALIDAD

Rompamos los tules
que separan nuestra
ansiedad.
Rasguemos los telones
que separan nuestra
piel.
Hagamos de esta realidad
un sueño,
un ensayo con el que
demostrar que nuestro
amor nada lo podrá
ocultar.
Que la distancia no
nos separará,
que lo que arde dentro
es realidad.
Sombras.
Siluetas que se recortan
sobre la tela.
Cuerpos de amantes que
se buscan entre realidades,
condenados a no encontrarse,
buscarse durante vidas.
Y en cada una de ellas,
un destello del sueño.
Un instante.
Un anhelo.
Un verso que nos une,
una cama en la que
ungimos de sudor
nuestras ganas de amor.
Una pasión que desata una
tormenta de abrazos y movimientos
que ninguna torrentera puede
contener.
Rompamos, en este momento,
los tules que separan nuestros
cuerpos.
Que la noche nos arrope,
de la realidad, que enclaustrada
nos quiere, seamos el azote.
Perdido en tus ojos,
en tu cuerpo,
en tu escote.
No escondas ningún secreto.
Con mi cuerpo desnudo,
todos te los revelo.
Rompamos los tules.
Que la pasión nos inunde.
Que nuestros cuerpos desboquen
torrentes de placer.

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CONDENADO.

Siento las llamas del
infierno abrirse paso
en mi pecho.
Siento como me voy
quemando por dentro.
Como todo lo pierdo,
sabiendo que condenado
estoy.
Siento que ya no hay remedio.
Que solo me encuentro.
Que la oportunidad he desaprovechado,
perdiendo la partida,
lejos ya de tus sonrisas.
Siento todo lo pasado,
aquello que he perdido,
aquello que ya no tengo.
Solamente me queda un
pesado y oscuro silencio.
Mi cuerpo está deshecho.
Mi alma condenada a vagar
por los círculos del infierno.
Una eternidad de tormento.
Mil pecados que purgar
bullen dentro.
Mil amores desechados,
mil corazones lacerados.
Pero tú, diosa mía, has sabido
descomponerme como ninguna
antes de conocerte.
Y caminando entre las llamas
del infierno, pensándote libre
de tu tormento, aunque me
estén las llamas devorando,
te encuentro sentada en el trono de
besos robados, olvidados,
que te pertenece.
Reinando y riendo entre almas decadentes que ante ti se arrastran,
nos arrastramos, suplicando
un poco de tu gracia.
El dolor se acentúa.
No hay redención alguna.
Ahora entiendo lo que es
el sufrimiento eterno.
Tus sonrisas, esa ya las perdí,
ya no son dulces, están ávidas
de mí.
De lo poco bueno que aún
resta en mi interior.
Siento las llamas del infierno
en el centro de mi pecho.

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