PERDIENDO LA CORDURA

Pierdo la cordura
amarrado a tu cintura.
Con tu escote como
horizonte.
Con tu cuerpo como
reino prohibido que
sueño con explorar.
Con tus besos alimentando
las hogueras de mis sueños.
Con mis manos perdidas
entre tu pelo.
Con tus manos recorriendo
mi cuerpo.
Estremecimiento.
Iluminamos la noche
con nuestros fuegos.
Devenimos en suspiros.
Realidades en las que convergimos.
Los pájaros de fuego que
con las manos cogimos.
Nos quedamos dormidos.
Tu aroma a rocío respiro.
La noche nos acuna con
el arrullo de la luna.
Nuestros cuerpos relajados,
enredados en este pequeño
espacio.
Compartiendo el momento.
Haciéndolo eterno.
Viviendo lo perfecto.
Sentirte pegada a mi pecho.
Saboreando el recuerdo
de cada movimiento.
Deseando ya el próximo
encuentro.
Volver al mismo capítulo
de un viejo cuento.
Somos uno del otro
durante unos frágiles
momentos.

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CANCIÓN DEL MAR A LA LUNA

Llueven tus ojos
viviendo en un
perpetuo otoño.
Que es lo que queda
después de una tibia
primavera.
Nunca nada guardaste
para cuando el frío del
invierno empezase.
Ese lejano verano de pasión,
besos en cualquier rincón,
de manos sedientas
de cuerpos  ardientes,
ya acabó.
El frío el ardor aplacó.
El que tanto te dió te
hizo bajar de esa nube
de sueños, tornando
en noche tormentosa
todas esas historias
que fueron un momento
frugal para aquel que
de tí se aprovechó,
sin nunca llegar a amar.
Ahora tus ojos
se cubren de lluvia
de otoño.
Y me duele verlos,
por nubes cubiertos.
Como decirte que quiero
ser una nueva primavera
que reverdezca la ilusión.
Como hablarte de lo que
siente mi corazón.
Estás muy lejos, allá
en lo alto del cielo.
Los dioses nos separaron
en un pasado cuasi olvidado.
Me castigaron.
Nuestros cuerpos, con los
que a otros amamos, nos
los quitaron.
De ellos despojados.
A tí como Luna te llevaron,
a mí como un indómito mar
me dejaron.
Pero me siento dichoso
cuándo en las noches claras
tu fulgor encuentran reposo
en mis aguas.
¿Cómo llegar a tí mi amada?

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REGRESO AL HOGAR.

Regreso a mi hogar
con el fracaso tatuado
en el mirar.
Vuelto tras ser derrotado,
nuevamente, tras no haber
ganado la partida contra
la vida.
Vuelvo al hogar que dejé
tiempo atrás.
¿Quién quedará?
¿Habrá alguien sobre cuyo
hombro llorar los avatares
de la partida?
Muchos fuimos los que
partimos.
Muchos fueron los destinos.
Los que regresan lo hacen
vencidos.
Los triunfadores no vuelven
a este amargo destino.
En mi hogar,
en lo que un día llamé
mi tierra,  a la que amé
allende las fronteras, a la
que lloré muchas noches en vela.
A la que deseé no regresar jamás,
eso habría sido triunfar.
Pero las fronteras no son
como lo cuentan.
La riqueza plantada en el
suelo no se encuentra.
La indiferencia, el desprecio,
para ello no hallé consuelo.
Vuelvo a mi tierra
con el alma cultivada
por la pena.
La mirada clavada en
el polvo del camino,
desando el recorrido que
inicié con la luz en la mirada,
una sonrisa en la a cara,
con los bolsillos llenos de
monedas de esperanza.
Vuelvo vacío.
Encuentro mi hogar,
mi último destino.

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ZAPATOS DE TACÓN DE AGUJA.

Hazme prisionero
de tus pasiones.
Átame con cadenas
de deseo,
soy tu muñeco.
Liberame de los miedos
que me devoran por dentro.
Hazme sentir.
Hazme latir.
Hazme gemir.
Obsérvame despojado
de cualquier falsa apariencia,
con nuestra ropa en el suelo
puesta.
Mueve tus caderas.
Que tus manos me provoquen
impaciencia.
Un largo suspiro.
Un suave movimiento.
Desciende despacio.
Alarga el momento.
Rompe las cadenas de
mis lamentos.
Libérame está noche
de los tormentos.
Derramémonos uno
en el otro.
Hagámoslo sin miedo.
Rompe mis cadenas
con tus zapatos de aguja.
Rompe mis cadenas,
invocando la lujuria.
Mañana será otro momento.
Ahora solamente somos
nosotros.
Nuestros cuerpos sudorosos,
miles de sueños rotos.
Anhelos no resueltos.
Cristales empañados
por el calor de nuestros
fuegos.

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SIN MIEDO

Amémonos.
No nos dejemos
amedrentar.
Bésame.
Yo te besaré.
Nos juzgarán,
Lo sabemos muy bien.
Pero bésame.
Ámame.
Te prometo que
yo te besaré.
Te amaré.
Todo te entregaré.
Ámame a pesar de
las infaustas miradas
con las que esos ojos
frustrados, amargados,
nos taladran.
Amémonos con la
esperanza de que mañana
podamos de las manos ir
agarrados sin que nadie
nos mire, sin que nadie
nos juzgue.
Amémonos a la luz del día,
que las sombras ya sabemos
que son frías.
Amémonos hasta la agonía
de dos corazones que se
codician.
Permitamos que la vida
nos arrulle en un manto
de multicolores nubes.
Vivamos.
Es nuestro derecho,
somos dueños de nuestros
besos, de nuestros cuerpos.
Soñemos que la intransigencia
de aquellos que tienen miedo,
se convierta en un amargo recuerdo.
Mostrémonos orgullosos
de quienes somos.
De como pensamos,
de como amamos.
Que mucho tiempo nos
han ocultado.
Muchas son las lágrimas
que se han derramado.
Amémonos.
Nos lo hemos ganado.

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SIN PEDIR AYUDA

Quiero pedir ayuda
aunque esté cargado
de dudas.
Aunque sienta el
oscuro aliento del
silencio.
Entre latir y latir
pasa el tiempo.
Y el corazón se adormece,
la falta de otro corazón
le adolece.
Y espero que el paso del
tiempo traiga con el
nuevo día algún tenue
suspiro de fantasía.
Una aroma cargado de
alegría.
Una mirada radiante
que se clave en la mía.
Y espero una voz
que me dé consuelo
a este cobarde que no
se atreve a vivir ningún
sueño.
Espero que el paso del tiempo
convierta en grito mi silencio.
Disipar mis dudas.
Comenzar la lucha.
Vencer al miedo.
¿Cuantos intentos?
Otro más.
Los mismos sueños.
Las mismas dudas,
ahogándome sin pedir
ayuda.

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LLÉVAME AL NORTE

Llévame contigo a tu norte,
a recorrer tus frondosos
bosques.
A disfrutar de tus ríos,
a perdernos en tus montes.
Ascendamos por las rocosas
laderas de tus montañas.
Embriagémonos de la
añoranza que nos deja
el recuerdo de su orbayu
empapando nuestros cuerpos.
Háblame en lengua desconocida,
abrázame entre risas.
Tumbados en verdes praderas
dejemos atrás el olvido.
Llévame al norte de tus
sentidos,
que entre nuestros brazos
nos resguardarnos del frío.
Que el sol brille en cada
latido.
Llévame hasta donde podamos
perdernos entre bosques de
verdes eucaliptos.
Llévame contigo.
Que la bruma no esconda
nuestro camino,
que nuestras miradas
encuentren siempre la
vereda que nos conduzcan
hacia la belleza de unos
ojos hechiceros en
perpetua ofrenda a tu
deidad celta.
Llévame al norte,
a perdernos en el gris
hermoso del horizonte,
a sentarnos en quebrados
acantilados, sintiendo la
Espuma del mar rugiente
en nuestras piernas.
Llévame contigo a las
leyendas dónde te he
conocido.

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BANDERAS DE ROPA INTERIOR

Hagamos la revolución.
Ya está bien de ser
meros espectadores.
De ver cómo se apoderan
otros de unos u otros
valores.
Hagamos la revolución.
Las armas; el corazón.
La bandera; nuestra ropa
interior.
Como campo de batalla,
cuerpos que son recorridos
por nuestros dedos buscando
trincheras desde las que
disparar las balas de la
pasión.
Calor.
No hay dolor.
No hay temor.
Solamente hagamos una
revolución.
Sin patria más que nuestros
cuerpos.
Sin más bandera que las
sábanas que envuelven
nuestra desnudez.
Sin más dios que el
placer.
Ante tí me rendiré.
Ante tus besos claudicaré.
Hagamos la revolución.
Nada de guerras ni violencia,
solamente hagamos el amor.

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FRUTO PROHIBIDO

Dame tu fruto prohibido.
Lo morderé.
Lo absorberé.
Lo beberé.
Sin importar si tú
eres Eva o yo Adán,
ni siquiera si una serpiente
nos tentará, ni si de este
paraíso nos expulsarán.
Dame de tu fruto prohibido.
Lo vamos a disfrutar.
En el pecado he caído ya,
sin necesidad de haber
sido empujado, sin miedo
al castigo pues de deseo
he sido poseído.
¿Que importa lo prohibido?
¿Quién nos impone los que
sentimos?
Dame tu fruto prohibido.
Nuestros dedos recorrerán
nuestra piel.
Siempre buscando el
prohibido placer que
producen nuestros
labios en su recorrer.

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ALMAS GEMELAS

Mírame y dime
lo que ves.
Dos almas gemelas
condenadas a
no estar juntas.
Déjame reposar en
tu pecho,
escuchar el latido
de un corazón maltrecho.
Mírame.
Déjate curar.
Yo te cuidaré con
palabras salidas
del alma.
Déjame estar,
aunque sepa que
nunca me amarás,
que cuando tu corazón
vuelva a palpitar,
no será mi amor el
que buscará,
ni mis manos serán
las que te tocaran,
ni mi cabeza la que
en tu pecho reposará.
Déjate curar.
A pesar de saber que
la mañana solitario
en esta cama me encontrará.
Que los días
eternos se tornarán.
Que los momentos de
melancolía se duplicarán.
Déjate curar mi
alma linda.
Que mañana un nuevo
sol para tí despertará.
Un nueva ilusión revestida
de dulces besos,
de miradas de amantes
insatisfechos que buscan
de hacer de la noche
su recreo.
Mírame.
Sabes que siempre
aquí estaré para
remendar las heridas
que otros te dejarán.
Dos almas gemelas
condenadas a no
estar juntas jamás.

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